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La historia de la absenta

HISTORIA DE LA ABSENTA

En este cuadro (“La bebedora de absenta”, de Edouard Manet, 1859) aparece reflejada la costumbre del consumo de absenta que se extendió por Europa occidental, sobre todo en Francia, tanto entre los pintores impresionistas, que lo reflejaron en numerosos lienzos, como en otros entornos sociales, no solo intelectuales. Algunos de los cuadros más célebres en que la absenta es motivo principal, o aparece reflejado, incluyen, además del ya citado de Edouard Manet, “La absenta” (1876) de Edgar Degas, “El bebedor de absenta” (1901) y “El poeta de Cornuty” (1903), ambos de Pablo Picasso, “Naturaleza muerta” de Vincent van Gogh. [Pablo Picasso debe encuadrarse en el cubismo y la pintura abstracta].


La bebida (absenta) gozó de amplia aceptación social en Francia durante el siglo XIX. Los soldados franceses que luchaban en Argelia durante la década de 1840 añadían extracto de ajenjo (Artemisia absithium) al vino, en la creencia de que así prevenían “las fiebres” (denominación bajo la que se encuadraban diversas enfermedades infecciosas, entre ellas la malaria). De regreso a la Francia continental, la costumbre de consumir vino “fortalecido” con ajenjo fue se sustituyó por el consumo de absenta, bebida que contenía una variedad de aceites esenciales entre los que se incluía ajenjo. Los efectos alucinatorios de la absenta popularizaron su consumo; y, a pesar de las advertencias acerca del daño cerebral que producía su consumo continuado, los ingresos obtenidos de los impuestos a los fabricantes hizo que su consumo no se prohibiese hasta la primera década del siglo XX (véase más adelante).


El principio activo responsable de los efectos (alucinatorios y tóxicos) de la absenta es la tuyona. Este compuesto con estructura terpénica se encuentra en diversas plantas, entre ellas el tanaceto (Tanacetum vulgare), la salvia (Salvia officinalis) y los árboles del grupo arbor vitae (Thuja occidentalis). Sin embargo, la principal fuente de la tuyona de la absenta procede del ajenjo (sensu stricto, diversas especies del género Artemisia), sobre todo de dos especies: Artemisia absinthium (figura 1), y Artemisia ponticum (ajenjo romano) (figura 2).

El ajenjo (en francés, absinthe) se cultivó en Europa desde la Edad Media hasta comienzos del siglo XX.

El ajenjo que se menciona en la Biblia (Libro del Rey Jaime o Rey Jacob) era probablemente Artemisia judaica (y no Artemisia absinthium).

En la Historia Natural del Plinio (siglo I AD) se hace referencia al uso antiguo del ajenjo para eliminar las lombrices intestinales. De este uso deriva el epíteto con que se denomina al ajenjo en inglés (wormwood). La tuyona probablemente aturde a las lombrices, facilitando su expulsión peristáltica.


Naturalmente, el ajenjo también aparece reflejado en el texto Materia Medica de Dioscórides (cuya primera edición conocida data del año 65 AD). Además de corroborar las propiedades antihelmínticas del ajenjo, se mencionan otras que nunca se han podido demostrar.

Hasta el siglo XIV se preparaban decocciones de las plantas. Sin embargo, tras el descubrimiento de la destilación al vapor (descrito por primera vez por Hiernonymus Brunschwig en el año 1512) se comenzaron a preparar extractos muy concentrados de diversas plantas. Un ejemplo es la cerveza preparada por fermentación de Artemisia marítima, que fue muy popular en Irlanda e Inglaterra. Este tipo de cerveza, caliente y muy fuerte, se cita en la obra de William Shakespeare “Las alegres comadres de Windsor” (The Merry Wives of Windsor). El ajenjo también aparece referenciado en otras obras del dramaturgo inglés.

El descubrimiento de la destilación al vapor abrió la llave para la producción de bebidas alcohólicas a partir de cereales fermentados.

Fue en Suiza donde se descubrió la fórmula de la popular absenta en los albores del siglo XIX. La fórmula fue desarrollada por Henri-Louis Pernod, quien abrió una fábrica en Pontarlier, Francia. A ésta pronto le siguieron otras. Y durante el siglo siguiente la fabricación de absenta representó un floreciente negocio, no solo para los productores, sino para los gobiernos que veían una importante fuente de ingresos a través de los impuestos recaudados.

Durante los años de entusiasmo que siguieron al final de la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), se popularizó en los cafés parisinos la denominada “L’Heure-verte” (La Hora verde) en la que la gente solía reunirse para tomar absenta, siguiendo el clásico ritual de presentación: sobre un vaso conteniendo la solución de absenta de color verde (el color verde por su contenido en clorofila), se colocaba una cuchara perforada sobre la que se situaba un terrón de azúcar. Se vertía agua sobre el terrón de azúcar. El efecto de este modo de proceder era doble: se edulcoraba la bebida (al deshacerse en terrón de azúcar), al tiempo que se diluía el extracto de absenta, el cual se transformaba de una solución de color verde en una suspensión blanquecina opalescente. Esta última era la verdadera absenta.

El aceite de ajenjo y el alcohol son los constituyentes básicos de la absenta. El color y sabor de la bebida se modificaban con la adición de extractos de varias plantas (anís, hinojo, hisopo, melisa; con menos frecuencia, angélica, díctamo de Creta (conocida en España como “hierba gitanera”), enebro, nuez moscada, anís estrellado, verónica, etc.). El procedimiento general consistía en empapar la mezcla de hierbas con una solución alcohólica de elevada graduación. A continuación se destilaba el alcohol junto a los constituyentes volátiles. Alternativamente, la absenta se fabricaba añadiendo aceites esenciales al alcohol de cereales.

Los principales riesgos del consumo de absenta no están vinculados con el contenido alcohólico, no superior a otros destilados como el brandy (apócope de brandewijn, palabra holandesa que se traduce por “vino quemado”), whisky (término inglés procedente del gaélico obtenido mediante la destilación de malta fermentada de diversos cereales), ginebra (derivado del holandés genever, obtenido por fermentación por destilación de cebada no malteada a la que se añaden bayas de enero para lograr sus propiedades organolépticas características), o ron (obtenido por fermentación y destilación de la caña de azúcar, traída a España por los árabes, desde donde se exportó a Cuba y países con similares condiciones climáticas).

La única función del alcohol en la absenta es mantener disueltos los aceites esenciales. La turbiedad de la bebida (louche) la proporcionan los terpenos que afloran cuando se rebaja la concentración de alcohol (tras su dilución con agua azucarada) formando una suspensión coloidal opalescente.

El principal terpeno de la absenta es la tuyona, pero también se detectan (usando la tecnología de la cromatografía de gases) otros, tales como fenona, pinocanfona y citral.

Los riesgos del consumo de extractos alcohólicos y destilados de Artemisia absinthium eran conocidos aun antes de que la absenta adquiriese popularidad. En el año 1708, Johan Lindestolophe publicó De venenis. En el texto se hacía mención al “grave deterioro del sistema nervioso” producido por el consumo continuado de extractos de Artemisia absinthium.

En el año 1859 Auguste Motet presentó su tesis doctoral “Sobre el alcoholismo y los efectos venenosos producidos en el hombre por el licor de absenta”. El trabajo no recibió el reconocimiento merecido. Los peligros del consumo de absenta comenzaron a ser tenidos en cuenta tras una breve reseña publicada por Louis V. Marcé, a la sazón en Bicêtre, un famoso hospital parisino. En esta reseña describía los experimentos en los que se inyectaba esencia de Artemisia absinthium (absenta) a perros y conejos. Se describía que los animales así tratados padecían “convulsiones, evacuaciones involuntarias, dificultad respiratoria y espumarajos”. Estos efectos semejaban a los observados en los consumidores habituales de absenta. A partir de entonces comenzaron a discernirse los efectos causados por el alcohol de aquellos desencadenados por los terpenos, principalmente la tuyona.

La edición del Dictionnaire de Médicine de M. P. Emile Littré y Charles P. Robin (1865) catalogaba la intoxicación por absenta como una forma de alcoholismo, si bien distinguía los efectos neurotóxicos diferenciales derivados del consumo de absenta.

En el año 1874, se publicó en la revista Boston Medical and Surgical Journal (actual: The New England Journal of Medicine), un trabajo acerca de la intoxicación por absenta.

El mayor incremento del consumo de absenta en Francia se produjo en el período comprendido entre 1875 y 1913. Durante ese periodo había posturas encontradas, entre quienes rehuían su consumo o lo tomaban con moderación, y quienes desdeñaban los cada vez más evidentes peligros. Se llegó a correlacionar el consumo per capita en diferentes regiones de Francia y la incidencia de psicosis y malformaciones fetales.

Tras diversos intentos de regulación, tales como rebajar la concentración de alcohol y aceites esenciales, Francia terminó por prohibir la venta y fabricación en el año 1915.

El químico alemán Friedrich W. Semmuler publicó en el año 1900 la estructura correcta de la tuyona. En los años siguientes, anteriores a 1916, se estudió con detalle su farmacodinamia. La tuyona da lugar a una profunda excitación del Sistema Nervioso Autónomo, con pérdida de conciencia y convulsiones, al principio clónicas (rápidas y repetidas), más tarde tónicas (continuas y pertinaces). Los efectos de la tuyona son sosia de los del alcanfor. Las convulsiones desencadenadas por el alcanfor y la tuyona se usaron como modelo experimental para el estudio de la epilepsia y los medicamentos antiepilépticos.

El alcanfor se empleó en medicina para controlar los brotes psicóticos en pacientes esquizofrénicos, práctica iniciada por László J. von Meduna en el Hospital Nacional de Enfermedades Nerviosas y Mentales de Budapest. La imprevisibilidad de los efectos del alcanfor hizo que se sustituyese primero por inyecciones intravenosas de pentilentetrazol; y más tarde por inhalaciones de hexafluoruro de dietil éter. No mucho tiempo después, la terapia electroconvulsiva (electroshock) desplazó a la inducción química de las convulsiones como tratamiento de los brotes psicóticos.

Desde antiguo se conocían en China las propiedades de la planta Artemisia annua (qing-hao) para tratar la malaria. De la planta se extrae la Artemisinina, un principio activo hoy día fundamental para el tratamiento de las cepas resistentes de las distintas especies del género Plasmodium.

La malaria era endémica en todos los países ribereños del mar Mediterráneo. De hecho se tiene constancia de que varios Pontífices murieron de malaria en Roma [los mosquitos transmisores del género Anopheles proliferaban en las orillas del río Arno]. Es probable que la costumbre de los soldados franceses de añadir ajenjo (Artemisia absinthium) al vino durante sus campañas en Argelia, ejerciesen algún efecto protector frente a la malaria, si bien la cantidad de Artemisinina (principio activo) contenido en la especie Artemisia absinthium es muy baja.

Tras la prohibición de la absenta, se comercializó en Europa un sucedáneo con sabor anisado, que no contiene ajenjo. Se vende con las firmas Ricard y Pernod.

Zaragoza, 16 de febrero de 2014

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Florentino Ballesteros, 11-13

50002 Zaragoza

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Lopeztricas Jose-Manuel,
16 feb. 2014 12:12
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