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Los judíos en la ciencia médica

LOS JUDÍOS EN LA CIENCIA MÉDICA

Los judíos han sido marginados de facto todos los campos del ámbito científico. La medicina no ha sido una excepción. De hecho, muchos judíos americanos y europeos han sido grandes innovadores a pesar de ser frecuentemente considerados “outsiders” y del desdén del “establishment” médico.

Mientras algunas religiones sitúan la responsabilidad última de la curación en manos divinas, los judíos nunca han planteado conflicto entre la medicina y la fe. El judaísmo ha considerado a los médicos como instrumentos de la Divinidad para la curación de enfermedades.

Durante la Edad Media, los judíos europeos contribuyeron a la expansión del conocimiento médico, traduciendo importantes textos del árabe y hebreo a otras lenguas; uno de los más célebres fue el escrito por el médico y filósofo de origen persa (nacido en lo que hoy día es Uzbequistán) Avicenna, en el siglo XI.

Los judíos no eran admitidos en las Facultades de Medicina de las Universidades o Estudios Generales que surgieron en Europa, de tal suerte que su aprendizaje de la medicina se realizaba, bien como aprendices, o como autodidactas. La universidad italiana de Padua admitía judíos en el siglo XVI, pero les cobraba tasas de matrícula superiores que al resto de los estudiantes.

Un edicto del Pontífice Clemente VIII reafirmó preceptos de Papas que le precedieron, en los que se prohibía que médicos judíos asistieran a cristianos; y que éstos evitasen ser tratados por médicos judíos. Sin embargo, casi todos los Pontífices tenían Clínicos judíos entre sus asesores médicos.

Hacia el año 1800, las Facultades de Medicina en Europa comenzaron a abrir sus puertas a estudiantes de origen judío, incluyendo por primera vez mujeres entre sus alumnos. Y en los primeros años del siglo XX, la mitad de todos los médicos que ejercían en Berlín, alrededor del 60% de los de Viena, y el 70% de los de Varsovia, eran judíos. A pesar de ello, tenían restringido el acceso a determinadas especialidades médicas, como la cirugía, dedicándose a áreas de las ciencias médicas que entonces tenían menos prestigio, tales como la dermatología, inmunología, patología, ginecología y psiquiatría. De hecho, el psicoanálisis fue durante conocida durante una época como “ciencia judía”.

Un paradigma de los prejuicios sobre los judíos lo hallamos en el conspicuo patólogo Paul Ehrlich, quien fue galardonado en el año 1908 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, ex aequo Ilych Mechnikov. A pesar del honor recibido, no consolidó su plaza de profesor en la universidad de Frankfurt hasta el año 1914, pocos meses antes de su fallecimiento. Cuando el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán llegó a poder en Alemania, cambiaron el nombre de varias calles para eliminar las que honraban a Paul Ehrlich, quitando también cualquier referencia en los libros de texto. La Paul-Ehrlich-Strasse solo recuperó su denominación una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.

Muchas de las más prestigiosas instituciones médicas de New York surgieron a finales del siglo XIX. Una verdadera marea de inmigrantes de origen judío procedentes de Europa Oriental desembarcaba en el puerto de New York, instalándose en condiciones precarias en Lower East Side. Las paupérrimas condiciones de vida de estos inmigrantes fue el acicate para el desarrollo de Organizaciones de Ayuda, siendo las más conocidas en aquella época Consumptive’s Relief Society y Visiting Nurse Service. Así mismo se crearon hospitales judíos, que atendían también a pacientes de otras religiones y creencias. Muchos de estos hospitales se hallan entre los más renombrados y prestigiosos del mundo, casi un siglo después.

Visiting Nurse Service se centró en la atención prenatal, postnatal y maternal, promocionando prácticas saludables como la lactancia y los cuidados básicos de higiene, cuyos resultados se extendieron mucho más allá de la comunidad a la que, en principio, iban destinados.

Durante las décadas de 1920 y 1930, algunas universidades norteamericanas, contagiadas por la ola de antisemitismo global, comenzaron a restringir el acceso de estudiantes judíos. Muchos estudiantes regresaron a Europa, sobre todo a Escocia, donde fueron bien recibidos. Además los postgraduados tenían prácticamente limitado su acceso a los hospitales judíos para su formación residencial.

No existe una ciencia médica judía a la manera de una medicina china. Los judíos han contribuido, también en el campo de la medicina, a trascendentales progresos en la mejora de la salud en todo el mundo. Y este es un aspecto que la sociedad no debería olvidar jamás.

Zaragoza, 19 de mayo de 2012

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Centro Información Medicamentos

Zaragoza

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19 may. 2012 12:02
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