Crisis e industria farmacéutica

publicado a la‎(s)‎ 17 mar. 2012 7:32 por Lopeztricas Jose-Manuel   [ actualizado el 17 mar. 2012 7:32 por Victor Sin ]

(publicado en Heraldo de Aragón, 17 de marzo de 2012)

Uno de los aspectos más llamativos derivados de los recortes presupuestarios en la Unión Europea es la disminución de beneficios de la otrora poderosa industria farmacéutica. Según algunos analistas, esta tendencia se mantendrá al menos hasta el año 2014.

La reducción de la factura farmacéutica lleva a los gobiernos a legislar  para obligar a que la industria farmacéutica demuestre una eficacia claramente superior de los nuevos y más costosos medicamentos en relación a los ya existentes, bajo amenaza de excluirlos de la lista de medicamentos financiables o reducir el porcentaje de exención en su financiación.

Pero el problema no se autolimita a Europa. Muchos países emergentes establecen los precios de los medicamentos tomando como referencia al que aquéllos se comercializan en países europeos.

Las empresas farmacéuticas europeas han ido capeando la crisis hasta ahora gracias al aumento de su mercado en países emergentes durante el último lustro. Por el contrario, las multinacionales norteamericanas son relativamente independientes de terceros países, debido a su importante mercado farmacéutico interno.

Antes de la reciente ola de austeridad, los laboratorios farmacéuticos tenían prácticamente libertad para establecer los precios de sus fármacos en países que, como Alemania, Gran Bretaña y Francia, tenían una poderosa industria. Aun cuando sus sistemas sanitarios pagasen más por los fármacos, lograban grandes beneficios al exportar sus medicamentos a otros países donde los laboratorios negociaban su precio a partir del precio en el país de origen.

Pero las circunstancias han cambiado.

Dado que los gobiernos no están dispuestos a pagar tanto por los medicamentos, los fabricantes están reestructurando sus estrategias e introduciendo consideraciones económicas, como nunca antes, en el proceso de investigación y desarrollo de nuevas medicinas. Dicho de otra manera: están reduciendo el número de nuevos fármacos en los que están dispuestos a invertir su dinero.

Los países de Europa occidental gastan entre un 8% y un 12% de su Producto Interior Bruto (PIB) en Sanidad, cifra que no ha variado sustancialmente a pesar de la crisis (fuente: Organization for Economic Cooperation and Development).

Durante el último Ejercicio las ventas a farmacias y hospitales disminuyeron un 2% en Francia, un 3% en Italia y casi un 9% en España, según Business Monitor International.

Es difícil estimar cómo afectarán los recortes al Ejercicio actual, pero el balance se prevé negativo, sobre todo por el próximo vencimiento de caducidad de un significativo número de fármacos rentables.

Novartis, la principal empresa farmacéutica europea, con sede en Basilea, Confederación Helvética, redujo sus ventas un 7% durante el año 2011; AstraZeneca, cuya razón social se halla en Gran Bretaña, obtuvo un rédito de 1,34 billones de dólares en el año 2011, un 2% menos que en el año 2010. En su conjunto, el Mercado Farmacéutico Europeo occidental se contrajo un 11% el año pasado (2011).

Una de las más amargas manifestaciones de la actual crisis son las reducciones de plantilla. AstraZeneca prevé reducir 7.000 puestos de trabajo, solo en Europa, añadidos a los 21.000 que ya eliminó en el año 2007. Novartis reducirá su plantilla en Estados Unidos en casi 2.000 personas. Pfizer, la principal empresa farmacéutica mundial, con sede en Estados Unidos eliminó 6.000 puestos de trabajo el pasado mes de mayo. Hasta ahora, durante las épocas de crisis la industria farmacéutica mermaba su plantilla en el departamento comercial y mantenía el personal adscrito a investigación y desarrollo (I+D). Pero en la actualidad, los recortes afectan también al personal investigador. El año pasado (2011) ha visto recortada la inversión en I+D por primera vez en la historia.

Hasta ahora muchos fármacos eran autorizados por los gobiernos bajo criterios de “no-inferioridad”, esto es, bastaba con demostrar que su eficacia era similar a la de otros ya comercializados, política con la se trataba de respaldar  las industrias nacionales. Pero esto ha cambiado. Ahora muchos países exigen a los laboratorios que los nuevos medicamentos demuestren una clara superioridad. Prevalece el ahorro aun a costa de poner en riesgo el importante tejido industrial vinculado al mundo del medicamento.

Con independencia de otras consideraciones, estas políticas hipotecan el desarrollo de futuros fármacos, el progreso de la ciencia y la mejora de los parámetros de salud global.

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

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