Obituario de Shlomo Venezia: el horror de Auschwitz

publicado a la‎(s)‎ 8 oct. 2012 13:44 por José Manuel López Tricas

OBITUARIO DE SHLOMO VENEZIA EL HORROR DE AUSCHWITZ

Shlomo Venezia fue uno de los primeros judíos que descendió del atestado vagón de ganado cuando el tren llegó al final de la línea en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, un 11 de abril de 1944. Su madre estaba junto a él. Los guardias alemanes les golpeaban en el cuello y la espalda, como si se tratase de ganado.

Se giró para ver a su madre, pero ya no estaba. Nunca la volvió a ver, como tampoco a sus dos hermanas pequeñas, Marica y Marta, que viajaron en el mismo vagón en aquellos viajes infernales.

El Sr. Venezia, un judío de origen italiano, falleció el lunes, 1 de octubre de 2012, en Roma. Su historia se enmarca en lo que Primo Levi, escritor y también superviviente de Auschwitz-Birkenau, denominaba “zona gris”, en referencia a los presos que para salvar sus propias vidas, se movían en la difusa línea del colaboracionismo. Shlomo, entonces un joven de 20 años, fue uno de ellos. Se le asignó a un Sonderkommando, unidad de prisioneros que tenían como función dirigir a miles de compatriotas hacia las cámaras de gas; y de trasladar los cuerpos, miles diariamente, a los hornos crematorios.

Durante casi medio siglo, Shlomon Venezia guardó silencio sobre su papel en el Holocausto, “no porque no quisiera hablar, sino porque la gente no quería escuchar, no quería creerlo”, afirmó.

Todo cambió, sin embargo, a comienzos de la década de 1990, cuando grupos de extrema derecha comenzaban a manifestarse abiertamente en Italia, pintando esvásticas en las paredes. El Sr. Venezia rompió su prolongado silencio y comenzó a hablar, en conferencias, a periodistas, a estudiantes. Pero, sobre todo habló para Beatrice Prasquier, una periodista que en el año 2007 publicó “Inside the Gas Chambers: Eight Months in the Sonderkommando at Auschwitz”. El libro describe los horrores vividos, entre ellos la prosaica tarea de transportar cadáveres 12 horas diarias 7 días a la semana, desde las cámaras de gas a los hornos crematorios.

El texto se publicó primero en francés, en forma de entrevistas realizadas por la periodista Beatrice Prasquier. Este primer formato titulado “Inside the Gas Chambers” se transformó en el libro antes citado, hoy traducido a más de veinte lenguas.

Algunos párrafos son sobrecogedores:

Las personas despojadas de sus ropas se introducían mansamente en las cámaras, pensando, o así se les hacía creer, que se trataba de duchas. Muchas veces tenían que esperar apiñadas durante largo tiempo, porque los bidones con el gas mortal se retrasaban. Recuerdo un caso en que la espera fue especialmente prolongada. Finalmente, el soldado alemán llego con los bidones. Tomó a dos prisioneros del Sonderkommando para que le ayudasen a levantar el bidón por encima de la cámara de gas, introduciendo el Zyklon B a través de la abertura. La tapa era de cemento muy pesado. El soldado alemán encargado de la tarea siempre requería la ayuda de dos de nosotros. A veces era yo mismo; otras veces les tocaba a otros.

Una vez que se lanzaba el gas, tardaba entre diez y doce minutos. Al cabo de ese tiempo ya no escuchabas nada.

Luego venía la tarea de cortar el pelo y sacar los dientes de oro. Y a continuación dos prisioneros cargaban los cuerpos en elevadores hasta el horno crematorio.

Alrededor de medio millón de personas, la mayoría judíos, fueron asesinadas durante los nueve meses que Shlomo Venezia estuvo prisionero en Auschwitz-Birkenau, hasta el 18 de enero de 1945, cuando miles fueron forzados a viajar a Alemania, en la llamada “marcha de la muerte”. Durante el tiempo que el campo de Auschwitz-Birkenau permaneció abierto, dos mil novecientos prisioneros formaron parte de los Sonderkommando; novecientos cincuenta durante el tiempo que el Sr. Venezia permaneció prisionero; Cuando el campo fue liberado, la mayoría se suicidaron. Solo entre ochenta y noventa continuaron con vida. Sholomo Venezia afirmaba: “Nos convertíamos en robots, obedeciendo órdenes, mientras tratabas de no pensar, de manera que pudieses sobrevivir unas pocas horas más”.

Los Sonderkommando operaban en cinco campos de exterminio nazis, según Peter Black, historiador en el United States Holocaust Memorial Museum, en Washington.

El número de supervivientes de los Sonderkommando fue muy reducido, de tal manera que se dispone muy poca información sobre ellos. No cabe duda que el indulto que lograron fue una especie de bendición que les permitió vivir mientras fueran capaces de llevar a cabo su trabajo, separar los cadáveres, algunos de parientes y amigos, para cortarles el pelo y arrancarles lo único valioso que pudieran tener (las piezas dentales de oro), para amontonarlos en las cámaras de incineración.

Algunos de los supervivientes de los Sonderkommando se han sentido culpables de haber sobrevivido, mientras otros se han involucrado en preservar la Memoria del Holocausto, en la esperanza de que nunca vuelva a ocurrir.

Shlomo Venezia había nacido el l29 de enero de 1923, en una comunidad pobre judeo-italiana de Tesalónica, Grecia. Al comienzo de la guerra (Segunda Guerra Mundial), las autoridades italianas, a pesar de su vinculación con los Nazis, ofrecieron protección a la comunidad judeo-italiana. Pero el 24 de marzo de 1944, las tropas germanas tomaron el control de Tesalónica; y Shlomo y su familia fueron trasladados primero a Atenas y, desde allí, a Auschwitz, en Polonia

Terminada la guerra, el Sr. Venezia encontró trabajo en un hotel en la costa adriática. Pasado el tiempo, junto a su esposa Marika, abrió una tienda de regalos en Roma, ciudad donde ha fallecido a causa de una enfermedad respiratoria. Además de su esposa, le sobreviven sus tres hijos, Mario, Alessandro y Alberto.

La última cuestión a la que respondió Shlomo Venezia fue: ¿Qué se destruyó tras su extrema experiencia?. Su respuesta: “la vida. Desde entonces nunca he tenido una vida normal. Cada suceso me evoca el Campo (de concentración). Cada cosa que hago, cada situación que veo, mi mente vuelve siempre al mismo lugar. Lo que fue forzado a hacer allí nunca ha abandonado mi cabeza. Nadie consigue abandonar un crematorio”.

Zaragoza, 8 de octubre de 2012

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

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