Amígdala cerebral y miedo

En la década de 1930 se descubrió que cuando se extirpaba una determinada área cerebral de los monos, éstos se volvían más valientes, menos temerosos; se aproximaban a las serpientes sin temor aparente.

Experimentos de este tipo llevaron a la conclusión siguiente: la extirpación de una estructura cerebral denominada amígdala da lugar a la pérdida del miedo, una perturbación angustiosa del ánimo, según definición de la Real Academia Española.

Un estudio del Current Biology, ha confirmado que la pérdida de la amígdala tiene un efecto semejante en los humanos.

El trabajo presentado se basó en el estudio del comportamiento, incluyendo la lectura autorizada de su diario personal, de una paciente con este tipo de daño cerebral, según afirmó Justin Feinstein, de la universidad de Iowa.

La paciente tenía una rara deficiencia denominada proteinosis lipoidea, con la característica anatómica de ausencia de amígdala. Esta paciente, al igual que los monos usados en los experimentos a los que se extirpaba quirúrgicamente la amígdala, no manifestaba temor alguno frente a serpientes y arañas, animales que generan temor, a veces pánico, en la mayoría de las personas.

Es muy improbable en el Mundo Occidental encontrarse con ofidios u otros animales peligrosos. Sin embargo, la pérdida de una mínima temeridad, puede llevar a asumir riesgos peligrosos para la salud y supervivencia.

El miedo es un sentimiento protector, pero imposible de cuantificar, y  dependiente de la experiencia vital de cada individuo, así como de la educación recibida. Este tipo de investigaciones pueden contribuir paradójicamente al tratamiento del temor excesivo asociado a experiencias traumáticas, como es común entre quienes han vivido situaciones de conflicto bélico o sobrevivido a catástrofes.

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

 

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Lopeztricas Jose-Manuel,
19 dic. 2010 12:24
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