Últimas publicaciones

Viruela de los simios

publicado a la‎(s)‎ 21 may 2022, 11:54 por Lopeztricas Jose-Manuel

VIRUELA DE LOS SIMIOS


El raro virus que causa la viruela en los simios, habitualmente constreñido a África central y occidental, se está propagando este año (2022) entre poblaciones que no han sido vulnerables hasta ahora.

Todavía inconclusa la pandemia del covid-19, los casos del viruela de los monos en varios países causan una preocupación que, hasta donde se sabe, parece excesiva.

¿Qué es la viruela del mono?

Es una enfermedad vírica causada por un virus similar al de la viruela humana, pero mucho más leve, que, hasta ahora se ha restringido de modo endémico a los simios en áreas del centro y oeste de África.

El virus de la viruela del mono se descubrió en el año 1958 tras la aparición de varios casos en monos usados para investigación biomédica.

¿Qué síntomas causa?

La viruela de los monos (monkeypox), a semejanza de la desaparecida desde 1980 viruela humana (smallpox[i]) debuta con manchas rojas planas que, días después, se convierten en pústulas purulentas y finalmente en costras secas. Los afectados sufren mialgias y artralgias (dolores musculares y articulares) y fiebre de 38º o superior.

Los síntomas suelen manifestarse al cabo de entre 6 y 13 días tras la exposición al virus, si bien hay casos con un pródromo (tiempo de latencia desde la infección hasta la aparición de los síntomas) de hasta 4 semanas. Los casos más graves se presentan en niños (ver fotografía al comienzo del texto).

No existen tratamientos específicos para la viruela del simio. Como medida precautoria se recomienda la vacunación contra la viruela humana, que se dejó de administrar en España (y la mayoría de los países desarrollados) en 1980. [La vacunación contra la viruela se hizo obligatoria en España en 1921]. La Organización Mundial de la Salud consideró erradicada la enfermedad (viruela humana) en 1980. El último contagio natural se notificó en una trabajadora en un hotel de Mogadiscio (Somalia) que si bien se recuperó de la infección murió meses más tarde víctima de la malaria (paludismo).

En el año 2019 se autorizó una vacuna contra la viruela del mono basada en un virus vaccinia atenuado (cepa Ankara, porque se aisló en Turquía) Se trata de una vacuna que exige la administración de dos dosis, pero su disponibilidad es muy limitada, restringiéndose su empleo a personas que tienen contacto profesional con simios.

¿Cuándo y cómo se produce la infección con la viruela del simio?

Hasta ahora no se han producido brotes importantes fuera de las zonas endémicas (África central y occidental), siendo el más importante el que se produjo en Estados Unidos en el año 2003. Entonces se produjeron decenas de casos que se relacionaron con la exposición a perros de las praderas y otras mascotas infectadas. Según la Organización Mundial de la Salud fue el primer brote de viruela del simio fuera del continente africano.

En África once países han notificado casos desde 1970; en ese año se identificó el primer caso en un niño, entonces de 9 años, en la República Democrática del Congo (entonces Zaire). Desde el año 2017, Nigeria (el país más poblado de África) ha notificado más de 500 posibles casos, de los que 200 se confirmaron microbiológicamente (datos de la Organización Mundial de la Salud).

El contagio de la viruela del simio se produce a través de fluidos corporales, contacto con la piel de una persona infectada, así como por vía respiratoria (gotitas en suspensión al exhalar, hablar o toser). La mayoría de los casos actuales se han producido entre hombres jóvenes (sin vacunar contra la viruela humana por razones de edad) que mantuvieron relaciones homosexuales. De hecho, las lesiones cutáneas se han presentado en, o alrededor de, la región genital.

El virus de la viruela del simio es un adenovirus (virus con ADN de doble cadena) perteneciente al género Orthopoxvirus, familia Poxviridae. Existen dos clusters (grupos) del virus, con localizaciones geográficas diferenciadas: el primero, más transmisible, en el bosque tropical de la República Democrática del Congo; y el segundo cluster en los países occidentales de África, si bien en Camerún coexisten ambos grupos.

Recomendamos la consulta de la página web de la European Centre for Disease Prevention and Control: Epidemiological Up-date: Monkey Outbreak.

En la actualidad hay un limitado número de casos (algunos pendientes de confirmación) en numerosos países de Europa (España, Reino Unido, Portugal, Italia, Francia, Suecia y Bélgica), así como en Canadá y Estados Unidos. Todo parece indicar que, aunque limitada por ahora, se está produciendo una transmisión comunitaria. Cuando se redacta este texto (21 de mayo de 2022) no se ha confirmado ningún fallecimiento causado por la viruela del simio.

Es la primera vez que se informan de contagios en Europa sin vínculo con las regiones endémicas de África. Además parece afectar a hombres con prácticas homosexuales.

La probabilidad de propagación del virus de la viruela del mono es elevada en las prácticas homosexuales (entre hombres) pero relativamente baja en otras circunstancias (información del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades).

En general los afectados se recuperan en semanas. Sin embargo la mortalidad en Nigeria es del 3,3%, siendo los niños, adultos jóvenes y personas con inmunodepresión los más susceptibles.

Se debe realizar un diagnóstico clínico para excluir otras enfermedades exantemáticas, como la varicelasarampión, infecciones cutáneas bacterianas, sarnasífilis e incluso alergias a medicamentos. La linfa-adenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos) durante la fase prodrómica permite descartar la varicela.

El diagnóstico serológico de la viruela del simio no es sencillo porque los reactivos de detección de antígenos y anticuerpos también reaccionan con otros ortopoxvirus. Ello puede dar lugar a falsos positivos. El diagnóstico se ha de realizar mediante una PCR (acrónimo de Polymerase Chain Reaction) a partir de las lesiones de la piel.

Zaragoza, 21 de  mayo de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Enfermedades neurológicas debilitantes y virus

publicado a la‎(s)‎ 7 feb 2022, 11:52 por Lopeztricas Jose-Manuel

ENFERMEDADES NEUROLÓGICAS DEBILITANTES Y VIRUS


Fotografía del Virus Epstein Barr (EBV), de su acrónimo en inglés) bajo la ampliación de un microscopio electrónico.

Investigaciones recientes han demostrado lo que se sospechaba desde hacía varias décadas: la infección por el Virus Epstein Barr tal vez sea un factor desencadenante de la esclerosis múltiple.

El Virus Epstein Barr (técnicamente «herpes-virus humano tipo 4») es un miembro de la familia Herpesviridae, subfamilia Gammaherpesvirinae, género Linphocriptovirus, especie Herpesviridae humano tipo 4.

Se trata de un adenovirus (virus cuyo material genético es ADN) con 172.000 pares de bases nucleótidos. En 1889 el médico alemán Pfeiffer[1] describió la infección (drüsenfieber), más adelante denominada «fiebre glandular». Su nombre actual es patronímico del patólogo británico Michael Anthony Epstein e Yvonne Barr, viróloga nacida en Irlanda en 1913, fallecida en Melbourne, Australia en 2016.

En el año 1964 Anthony Epstein, Yvonne Barr y Bert Achong, publicaron en la revista médica británica The Lancet sobre «nuevos virus». Fue el bautismo del Virus Epstein Barr.

La infección por el Virus Epstein Barr es generalizada, sobre todo durante la adolescencia y primera adultez. Sin embargo, la prevalencia de esclerosis múltiple es muy baja entre la población. No es el único factor desencadenante de la enfermedad, pero sí uno de los más claramente involucrados. Por esta razón, el desarrollo de una vacuna contra la infección reduciría de modo significativo la prevalencia de esta enfermedad neurodegenerativa.

El estudio se ha publicado en la revista Science, con datos de diez millones de personas, todas ellas en servicio activo en el ejército de Estados Unidos. Los participantes fueron monitorizados durante dos décadas. El autor principal de la publicación es Alberto Ascherio, epidemiólogo de la T.H. Chan School of Public, adscrito a la Universidad de Harvard. Con el estudio se trató de establecer una relación causo-temporal entre la aparición de los síntomas de esclerosis múltiple y una infección reciente por el Virus Epstein Barr.

La esclerosis múltiple suele debutar entre la segunda y quinta década de vida, con una prevalencia del 0,5%.

El virus infecta a prácticamente todo el mundo en algún momento de la vida, la mayoría de las veces de modo asintomático. Solo algunas personas desarrollan mononucleosis infecciosa («enfermedad del beso»). Aun cuando la infección se resuelve favorablemente, el virus permanece acantonado y latente de por vida.

Dado que la incidencia de esclerosis múltiple es muy baja en relación a la de la infección con el Virus Epstein Barr, se infiere que existen otros factores predisponentes, la mayoría ignorados. Solo se ha hallado relación causal con el hábito tabáquico y los bajos niveles de Vitamina D. Existe así mismo una indubitada predisposición genética, habiéndose identificado alrededor de 900 genes anormales en pacientes con esclerosis múltiple. El factor genético más evidente es la condición sexual: la enfermedad es más habitual en mujeres.

El estudio evidenció que todas las personas que desarrollaron esclerosis múltiple tenían anticuerpos contra el Virus Epstein Barr.

Una de las conclusiones del estudio prospectivo fue que la infección (sintomática o asintomática) reciente aumentaba 30 veces la probabilidad de desarrollar esclerosis múltiple.

En los estudios epidemiológicos es muy difícil establecer una relación causal. Las personas con tendencia a desarrollar esclerosis múltiple tienen un sistema inmunitario hiperactivo con elevados títulos de anticuerpos contra numerosas infecciones víricas. Es posible que la esclerosis múltiple no se deba a la infección viral per se, sino a la respuesta del organismo contra el germen infeccioso. Una secuela del hecho de tener sistemas inmunes hiperactivos es que los pacientes con esclerosis múltiple tienen muy pocas infecciones víricas en relación a la población general. De hecho el tratamiento de la esclerosis múltiple se fundamenta en la inmunosupresión farmacológica.

Un hecho muy curioso, sin explicación, es que el citamegalovirus parece proteger frente al riesgo de esclerosis múltiple.

A pesar de exhaustivos análisis, hasta ahora no se han hallado neuronas ni otras células nerviosas en el cerebro y/o médula espinal infectadas con el Virus Epstein Barr.

El Virus Epstein Barr también se aisló de las células tumorales del linfoma de Burkitt. Por esta razón se le encuadra en el grupo de virus oncogénicos, el primer virus al que se atribuyó dicha condición.

Actualmente se está investigando una posible vacuna basada en la tecnología del ARN mensajero contra el Virus Epstein Barr que podría prevenir algunos casos de esclerosis múltiple. Pero, ¿sería lógico administrar a prácticamente toda la población mundial una hipotética vacuna que solo previniese un reducidísimo número de casos de una enfermedad claramente multifactorial? Recomendamos la lectura de la editorial de la revista Science firmada por William H. Robinson y Lawrence Steinman.

Zaragoza, a 5 de febrero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Johan V. Hultin y el aislamiento del virus de la gripe española

publicado a la‎(s)‎ 2 feb 2022, 10:57 por Lopeztricas Jose-Manuel

Johan V. Hultin y el aislamiento del virus de la gripe española

JOHAN V. HULTIN: AISLAMIENTO DEL VIRUS DE LA «GRIPE ESPAÑOLA»


Johan V. Hultin en 1957, cuando era médico residente de patología quirúrgica en la Mayo Clinic, en Rochester, Estados Unidos.

 

El virus de la gripe española, causante de la pandemia entre 1918 y1920 se aisló durante la década de 1950 de una de sus víctimas cuyo cuerpo congelado se había conservado en el permafrost[i] de Alaska, Estados Unidos.

Lo que en verdad se aisló no fue el virus sino parte de su material genético.

Los trabajos de Johan V. Hultins fueron trascendentales para recuperar la secuencia génica del germen infeccioso. El virus de la erróneamente denominada gripe española era 25 veces más letal que los virus de la gripe habituales que le antecedieron y siguieron en el tiempo. Se estima que varias decenas de millones de personas fallecieron debido a la infección, contagiándose en muchos países del mundo casi la tercera parte de la población, y reduciéndose en más de una década la esperanza de vida.

Hacia mediados de la década de 1950 existía la convicción de que la única forma de hallar material genético del virus era de los pulmones intactos de personas fallecidas que se hubiesen conservado congeladas tras ser enterradas en el permafrost de regiones árticas.

Johan V. Hultin, a la sazón estudiante de medicina sueco, había colaborado durante el verano ártico con un paleontólogo alemán, Otto Geist, en excavaciones de interés estrictamente histórico. Comenzaron a indagar en los registros civiles de pueblos situados en regiones árticas que prácticamente habían desaparecido al morir por la pandemia de gripe casi todos sus habitantes.

Su tarea comenzó en junio del año 1951. Tras varias visitas a aldeas desparecidas, dio con el lugar que resultó ser clave: se trataba de la aldea alasqueña Breving Mission. De los ochenta residentes inuit, 72 habían fallecido. Todos fueron enterrados en una fosa común con dos grandes cruces de madera, una en cada extremo.

El primer cadáver estudiado por Johan V. Hultin era el de una niña, con una edad estimada de entre 6 y 10 años. Todavía se conservaba el vestido con el que había sido enterrada y las cintas de colores que adornaban su cabello. A partir de estos primeros trabajos, se incorporaron otros investigadores de la universidad de Alaska Fairbanks. Pronto hallaron otros cuatro cuerpos en excelente estado de conservación.

Se extrajo tejido pulmonar que fue enviado al laboratorio. Allí trató de revivir el virus inyectando tejido pulmonar en huevos fertilizados de gallina (la forma habitual de multiplicar gérmenes infecciosos). Entonces no se consideró que este proceder entrañaba importantes riesgos al activar un virus de excepcional mortalidad. No obstante, el experimento no dio resultado: el virus no prosperó en los huevos de gallina fertilizados.

Acto continuo roció con extracto de tejido pulmonar de los cadáveres las fosas nasales de conejillos de indias, ratones blancos y hurones. Tampoco logró revivir el virus.

Los intentos acababan en vía muerta; y esa línea de investigación se abandonó.

Todo cambió en el año 1997 tras la lectura de un artículo publicado en la revista Science firmado por Jeffrery K. Taubenberger, entonces responsable del National Institute of Allergy and Infectious Diseases.

En el trabajo se informaba de la obtención de fragmentos del virus de la gripe de 1918 localizados en tejido pulmonar procedente de dos soldados que habían muerto víctimas de la pandemia. [Recuérdese que la gripe española había surgido en un acuartelamiento de Arkansas, Estados Unidos, donde se entrenaban las tropas que viajarían a Francia en el contexto de la Gran Guerra].

Jeffrery K. Taubenberger y Johan V. Hultin viajaron de nuevo a la antigua misión de Alaska (Breving Mission) para analizar más cadáveres de la fosa común que ya había estudiado Hultin en la década de 1950. Decidieron asumir los gastos del viaje e investigación ulterior para evitar la publicidad que hubiese acarreado cualquier tipo de financiación externa, lo que hubiese supuesto un rechazo por los descendientes de los allí enterrados. Los habitantes del lugar no eran muy proclives a reabrir la tumba de sus antepasados. No obstante, con ciertas limitaciones se permitió a los investigadores llevar a cabo sus estudios.

Muchos cadáveres se habían deteriorado. Solo hallaron en buen estado de conservación el de una mujer, de la que se pudieron obtener extractos de tejido pulmonar en perfectas condiciones.

Como agradecimiento, se construyeron dos nuevas cruces que reemplazaron las originales, muy deterioradas por las extremas condiciones climáticas, junto a una placa con los nombre de todas las persona allí sepultadas. De este modo quisieron saldar el favor de la exhumación de la fosa común.

De los trabajos se consiguió identificar la secuencia genética de la hemaglutinina vírica, una de las dos proteínas cruciales del virus. De hecho, esta proteína es la que permite inyectar el genoma vírico en el interior de las células que infecta. Poco tiempo después se logró determinar la secuencia completa de los ocho genes del virus de la gripe española (técnicamente H1N1).

Zaragoza, a 3 de febrero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza



[i] Permafrost: subsuelo permanentemente helado de la tundra en las regiones árticas.

Sub-variante Stealth de la variante ómicron del SARS-CoV-2

publicado a la‎(s)‎ 2 feb 2022, 9:44 por Lopeztricas Jose-Manuel

Sub-variante Stealth de la variante ómicron del SARS-CoV-2

SUBVARIANTE STEALTH DE LA VARIANTE ÓMICRON DEL SARS-CoV-2


La sub-variante Stealth (BA.2) de la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2 no parece ser inquietante, pero puede retrasar el declive de contagios de covid-19 causados por la variante predominante en todo el mundo, ómicron.

A esta sub-variante que se tilda de sigilosa (el sustantivo stealth significa sigilo en inglés) ha hecho temer un recrudecimiento de la pandemia. Pero, por ahora, parece poco probable.

Hasta donde se conoce, la sub-variante BA.2 (Stealth) no causa una enfermedad más grave, y las vacunas muestran la misma (aunque limitada) efectividad que contra la variante ómicron predominante.

Todavía es muy reciente el surgimiento de la variante ómicron en los países del sur de África. Ésta presentaba 53 mutaciones en relación con la cepa original surgida en Wuhan que dio inicio a la pandemia a finales del año 2019. Algunas de estas mutaciones modificaban la estructura de la proteína S del coronavirus que le permitían soslayar el ataque por anticuerpos, tanto si derivan de la vacunación como si se producen en respuesta a la infección.

A las pocas semanas de la aparición de ómicron, investigadores sudafricanos detectaron variantes desconcertantes; compartían algunas mutaciones presentes en la variante ómicron, pero carecían de otras; añadiendo algunas mutaciones de nuevo cuño.

Enseguida se hizo evidente que ómicrón estaba formado por tres ramas distintas que divergieron de un ancestro común. A estas tres ramas se las ha denominado BA.1BA.2, y BA.3.

Los primeros estudios genotípicos mostraron que la variante BA.1 era predominante, seguidas por BA.2, y, aún menos frecuente, BA.3. Esta última surgió por recombinación genética del genoma vírico en un paciente que se infectó simultáneamente por las cepas BA.1 y BA.2.

Los análisis de PCR (Polymerase Chain Reaction) detectan tres genes del coronavirus. Sin embargo, esta técnica solo detecta dos genes en ómicron BA.2; el tercer gen escapa a la técnica PCR. En consecuencia, la PCR pierde algo de sensibilidad frente a la nueva sub-variante de ómicron.

Zaragoza, a 2 de febrero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

En diciembre de 1996...

publicado a la‎(s)‎ 27 ene 2022, 11:17 por Lopeztricas Jose-Manuel

EN DICIEMBRE DE 1996…


En diciembre del año 1996, el entonces Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton (a la derecha en la fotografía) invitó a Anthony S. Fauci (de pie en el centro) al Despacho Oval de la Casa Blanca para que le informase de la grave pandemia de esa época, el SIDA, que ya entonces había causado la muerte a más de 350.000 estadounidense; y a más de seis millones de personas en todo el mundo.

Se atisbaba la esperanza: por fin se habían autorizado varios medicamentos antirretrovirales. De hecho el primero, Zidovudina (también denominado Azidotimidina o más conocido por su acrónimo AZT; y aún más por su nombre con el que se comercializó, Retrovir®) se había recuperado de los anaqueles de medicamentos olvidados tras décadas sin haberle encontrado utilidad alguna.

Se planteó la necesidad urgente de desarrollar una vacuna contra el VIH (Virus Inmunodeficiencia Humano) causante del SIDA (Síndrome Inmunodeficiencia Adquirida).

Anthony S. Fauci recordaría más tarde la cuestión planteada por Bill Clinton: …conoces la enfermedad [SIDA] desde 1981, ¿cómo no se dispone todavía de una vacuna? Esta pregunta impulsó la creación de un centro de investigación que coordinase los esfuerzos de múltiples científicos dirigidos a un fin único: desarrollar una vacuna eficaz.

Durante la década de 1990 la investigación de nuevas vacunas había dejado de ser una prioridad en el ámbito de investigación farmacéutica, que se hallaba volcada en el cáncer y enfermedades cardiovasculares.

Cinco meses más tarde Bill Clinton iba a dar un discurso de graduación en la Universidad Estatal de Baltimore y quería anunciar la creación del centro de investigación de vacunas. Anthony S. Fauci debía preparar la información para el Presidente.

Uno de los primeros científicos reclutado fue el Dr. Graham, un virólogo que se había iniciado como médico clínico. Descubrió la nueva enfermedad cuando asistió a un vagabundo con lesiones en la piel y múltiples infecciones en pulmones, hígado y bazo. El enfermo sufría un colapso de su sistema inmunológico. Pronto se hizo evidente que el virus causante de la enfermedad se propagaba entre usuarios de drogas intravenosas y hombres homosexuales. Fue el primero. A éste pronto le siguieron otros pacientes, de manera típica hombres jóvenes con emaciación (espectaculares pérdidas de peso) e infecciones inusuales.

El Centro de Investigación de Vacunas se inauguró en el año 2000 en los campus de los National Institute of Health, en Bethesda, Maryland. Al principio contaba con un presupuesto que equivaldría en la actualidad a 43,9 millones de dólares, contando con una plantilla de 56 personas entre científicos y personal administrativo. Hoy día cuenta con una plantilla de 444 personas y un presupuesto superior a los 180 millones de dólares, al que hay que sumar más de mil quinientos millones de dólares invertidos por los National Institute of Health en otros centros de investigación. Todo este presupuesto se dirigió al principio a lograr una vacuna contra el SIDA. Se han probado 85 potenciales vacunas. Hasta ahora ninguna ha funcionado.


Fotografía (coloreada) obtenida con la ampliación de un microscopio electrónico: una célula T (azul) siendo atacada por múltiples virus VIH (amarillos)

El VIH es paradigmático de lo difícil (¡hasta casi lo imposible!) que puede resultar diseñar vacunas contra algunos virus.

Tras numerosos fracasos se decidió probar una posibilidad que teóricamente se consideraba a priori remota. Consistía en mapear la estructura atómica de una proteína que sobresalía del esferoide vírico del VIH. Esta proteína (a semejanza a la proteína S del actual coronavirus SARS-CoV-2) constituía la llave que permitía la invasión vírica de los linfocitos T coadyuvantes, las células diana del virus. Teóricamente, estas proteínas del VIH servirían para, una vez inyectadas, motivar al sistema inmune a fabricar anticuerpos específicos.

La proteína del VIH tiene una particularidad camaleónica: su conformación cambia durante el proceso de infección. Los anticuerpos desarrollados contra esta proteína no tienen esa posibilidad. Esta es una estrategia perversa del virus para evadir el sistema inmune de la persona infectada.

La investigación se focalizó en saber cuál de las conformaciones de la proteína era más adecuada para diseñar una vacuna. A juicio de alguno de los investigadores era como tratar de agarrar la gelatina con la mano.

En 2008 Jason McLellan, a la sazón 27 años, se unió al Centro de Investigación de Vacunas. Entonces ya tenía reputación en la técnica del análisis de la estructura tridimensional de las proteínas mediante la compleja técnica de la cristalografía con rayos X.

Tras una ardua e infructuosa investigación con el VIH, redirigió su trabajo a otros virus más manejables. Seleccionó a tal fin el Virus Respiratorio Sincitial (RSV, de su acrónimo en inglés). Este virus causa una enfermedad respiratoria, muy grave e incluso mortal en niños muy pequeños. El objetivo del estudio era una proteína del virus imprescindible para desencadenar la infección. Fruto de estas investigaciones ha sido el diseño de varias potenciales vacunas, todavía en diversos estadios de experimentación preclínica.

A mediados de la década de 1950 la molécula, hoy casi popular, ARN mensajero, apenas se conocía. Su existencia se infería en el modelo conceptual básico de la biología molecular. Existían crecientes certezas de que una molécula intermediaba entre el ADN del núcleo celular y las proteínas. Durante una reunión en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, dos futuros Premios Nobel, Francis Crick y Sydney Brenner decidieron denominar a esta molécula X, tal como ya habían propuesto científicos franceses. Esta molécula (X) pronto pasó a denominarse ARN mensajero, incidiendo en su función: transportar (en forma codificada) la información escrita en forma de secuencia de nucleótidos en el ADN hasta los ribosomas citoplasmáticos encargados de engarzar los aminoácidos que conforman la estructura primaria de las proteínas.

Todos los intentos para aislar el ARN mensajero fracasaron; la molécula se fragmentaba con todas las técnicas extractivas disponibles en la época. Tal vez por ello la molécula perdió interés para los investigadores. Lo verdaderamente importante en la época eran el código genético (secuencia de bases del ADN) en que se sustentaba la herencia, y las proteínas, en que se fundamentaban todos los procesos metabólicos. Todo cambió cuando Doug Melton, un biólogo de Harvard descubrió en el año 1984 cómo sintetizar la esquiva molécula de ARN mensajero. No obstante, el ARN mensajero se degradaba muy rápidamente.

En la actualidad miles de millones de personas hemos sido vacunadas contra la infección covid-19 con vacunas basadas en ARN mensajero. Pero el desarrollo de estas vacunas no habría sido posible sin un encuentro casual en 1988 entre dos académicos en la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos.


Imagen obtenida bajo la ampliación del microscopio electrónico de un grupo de ribosomas engarzados en una cadena de ARN mensajero

Drew Weissman y Katalin Karikó, húngara de nacimiento que buscaba hacerse un hueco en la universidad de Pennsylvania, aunaron sus esfuerzos en un programa de investigación que en los últimos años del siglo XX seguía pareciendo exótico por su escasa aplicación práctica.

Drew Weissman había abandonado recientemente una investigación sobre un potencial tratamiento contra el SIDA que se mostró tóxico.

Al principio la investigación sobre el ARN mensajero se dirigía a la preparación de una vacuna contra el SIDA.

Históricamente las vacunas antivíricas comercializadas se formulaban con virus modificados (por ejemplo el virus de la rabia) o fragmentos víricos que estimulasen la producción de anticuerpos específicos por el sistema inmune. Conceptualmente con el ARN mensajero se propendía a que las células humanas fabricasen el propio antígeno vírico (en lugar de inyectarlo de manera exógena). Acto continuo, el organismo actuaría contra el antígeno fabricando los anticuerpos específicos. Este proceder imitaría mejor una infección real y, de este modo, se confiaba que la respuesta inmunitaria sería más contundente.

El principal problema era que el ARN mensajero es una molécula muy lábil; y esto comprometía la eficacia de las potenciales vacunas. Otros problemas anteriores ya se habían solventado, el más importante de los cuales fue la síntesis del ARN mensajero en el laboratorio.

Drew Weissman y Katalin Karikó insertaron moléculas de ARN mensajero en células humanas cultivadas in vitro. Las células sintetizaron las proteínas esperadas (siguiendo las instrucciones del ARN mensajero inyectado). Sin embargo, la siguiente fase se truncó: cuando se inyectó ARN mensajero sintetizado en laboratorio a ratones, los animales enfermaron. Los roedores se volvieron pasivos e inapetentes, su pelaje se erizó. No existía explicación.

Tras un sinnúmero de investigaciones los investigadores concluyeron que el sistema inmunitario reaccionaba contra el ARN mensajero inyectado, cual si se tratase de un germen infeccioso.

Finalmente se obtuvo una explicación: las células humanas protegen su propio ARN mensajero (el codificado por su propio ADN) mediante una modificación química muy específica. Remedando este proceder (modificar el ARN mensajero antes de su inyección), los animales lo procesaron como propio y no desarrollaron una reacción inmunitaria de rechazo.

Estos hallazgos se publicaron en la revista Immunity, tras ser rechazados por publicaciones de primer nivel, tales como Science o Nature.

Drew Weissman y Katalin Karikó habían resuelto un trascendente problema: la aceptación in vivo del ARN mensajero foráneo. Sin embargo, existía otro inconveniente: una vez inyectada, cómo proteger a una molécula tan lábil en el torrente sanguíneo antes de alcanzar las células diana.

La solución surgió de un grupo de trabajo de Vancouver, Columbia Británica, Canadá. Durante años habían trabajado en tecnología para el transporte de material genético a las células. La técnica contribuyó al desarrollo de la terapia génica al permitir transportar genes al interior de las células para tratar genopatías diversas.

Conceptualmente era razonable que si estos envoltorios microscópicos de grasa (técnicamente: liposomas) hacían factible transportar genes (fragmentos de ADN) también deberían servir para vehiculizar el ARN mensajero.

Surgieron entonces problemas asociados con derechos de patente. Los investigadores canadienses habían vendido los derechos de su tecnología a una empresa, Protiva, reticente a ceder las regalías a la empresa alemana BioNTech, para la que había comenzado a trabajar Katalin Karikó. La llegada de la pandemia covid-19 limó asperezas de derechos intelectuales y el ARN mensajero (esta vez de la proteína S del coronavirus SARS-CoV-2) se vehiculizó en los liposomas de los científicos canadienses. Ha sido así como han surgido las vacunas anti-covid-19 basadas en la tecnología del ARN mensajero. Estas vacunas no se desarrollaron en pocos meses como se ha hecho hincapié. Todo estaba ya preparado, a excepción de la obtención del ARN mensajero que codifica la proteína S del coronavirus SARS-CoV-2 y es responsable de la infección de las células humanas.

Los coronavirus, descritos a mediados del siglo XX por June Almeida, escocesa de nacimiento, pero afincada en Canadá tras su matrimonio con un brasileño, de donde tomó su apellido de casada, apenas tenían interés para la comunidad científica, causantes como eran de resfriados comunes.

Todo cambió con el siglo XXI: primero fue el SARS del bienio 2003-2004 que causó una pandemia muy limitada pero con elevada mortalidad (alrededor de 800 muertes de un total de 8.000 infectados aproximadamente). Al SARS de 2003-2004 le siguió otro coronavirus mucho más mortífero (aproximadamente 30% de los infectados), el MERS, que quedó restringido a la península de Arabia, sobre todo entre los cuidadores de camellos y dromedarios. En cierta manera aquellas crisis sanitarias fueron anticipatorias de la actual pandemia covid-19. Tal vez se cometió un gravísimo error no investigando vacunas contra virus con la estructura y genética de los coronavirus. [MERS es el acrónimo de Middle East Respiratory Syndrome]. Los investigadores no consiguieron ninguna muestra de pacientes con MERS. Esto fue consecuencia de la soberbia de la comunidad científica occidental que desde siempre había desdeñado a sus colegas de países subdesarrollados. Esta situación adquirió especial relevancia durante la crisis del SIDA. Una de las consecuencias fue que los gobiernos no son proclives a compartir información.

El MERS de 2013-2014 y el anterior SARS de 2003-2004 presagiaban que algún virus sucedáneo terminaría por desencadenar la pandemia actual. No se quiso jugar al alarmismo, decisión políticamente incómoda y científicamente estúpida. La Humanidad sería capaz (se supuso) de frenar un brote epidémico, sin llegar a que se propagase de modo pandémico.

Durante el septenio transcurrido entre la aparición del MERS y la del SARS-CoV-2 se llevaron a cabo investigaciones que terminarían siendo muy útiles (¡quién lo diría!) para el diseño de vacunas contra el covid-19. Todo comenzó con el estudio de una proteína pico de un β-coronavirus causante de un tipo de resfriado común (designado HKU1). El objetivo de la investigación fue aislar y “congelar” (fijar la conformación) de dicha proteína.

Graham y McLellan publicaron, primero online, y más tarde en la revista Science un trabajo seminal sobre la estructura de la proteína S del coronavirus HKU1. En este trabajo se buscaban las mutaciones que estabilizaran la conformación de la proteína, requisito para poder diseñar las futuras vacunas. Esta investigación hizo factible el rápido desarrollo de las vacunas de Pfizer (que se había asociado con la biotecnológica alemana BioNTech) y Moderna Therapeutics.

A partir de las secuencias genéticas de la proteína S, se sintetizó su transcrito (ARN mensajero) siguiendo el procedimiento diseñado por Drew Weissman y Katalin Karikó 15 años antes. Acto continuo encapsularon el ARN mensajero sintetizado en los liposomas desarrollados por el grupo de trabajo canadiense. Fue de este modo como se consiguieron las primeras vacunas.

Para financiar los ensayos clínicos de Moderna Therapeutics, el gobierno federal [de Estados Unidos] usó presupuesto que estaba asignado a la investigación de vacunas contra el SIDA. Los laboratorios Johnson & JhonsonAstraZeneca y Novavax, también se beneficiaron de estas partidas presupuestarias para el desarrollo de sus vacunas anti-covid-19. En cambio, Pfizer-BioNTech realizó su investigación sin financiación externa. Quería ser el primer laboratorio que lograse la autorización de una vacuna, y haber usado financiación gubernamental le obligaba a compartir los hallazgos.

En noviembre (2020) se dieron a conocer los primeros resultados del ensayo de la vacuna de Pfizer-BioNTech.

Las vacunas anti-covid-19 no son una investigación de nuevo cuño, sino el resultado de décadas de inversión e investigación que comenzaron con el intento infructuoso de desarrollar vacunas contra el SIDA. Solo el tiempo permitirá una evaluación rigurosa de la verdadera eficacia a largo plazo de las vacunas anti-covid-19.

Zaragoza, a 27 de enero de 2020

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Previsible evolución de la variante Ómicron del SARS-CoV-2

publicado a la‎(s)‎ 25 ene 2022, 10:31 por Lopeztricas Jose-Manuel

PREVISIBLE EVOLUCIÓN DE LA VARIANTE ÓMICRON DEL SARS-CoV-2


Cuando la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2 surgió en el sur de África sorprendió su genética. Mientras las variantes anteriores diferían en una o dos docenas de mutaciones en relación a la cepa original surgida en Wuhan, República Popular China, ómicron portaba 53 mutaciones, una situación excepcional en la deriva evolutiva de todos los virus conocidos. Todavía más: 13 de estas mutaciones rara vez, o nunca, se habían hallado en otros coronavirus. Aisladamente, cada una de estas 13 mutaciones excepcionales deberían haber sido perjudiciales para el coronavirus, pero tomadas en conjunto parecen haber sido beneficiosas, incrementando su contagiosidad y transmisibilidad.

Las mutaciones no son una estrategia de los virus para perpetuarse, sino la consecuencia de errores genéticos durante la replicación de su genoma, tarea llevada a cabo por la célula que infectan. La mayoría de las copias defectuosas de los virus mutantes no son viables; solo unas pocas representan alguna ventaja evolutiva y terminan por imponerse y expandirse.

Durante el año 2020 se descubrieron distintos linajes del virus. Sin embargo el proceso evolutivo fue lento. Ello permitió que se formulasen vacunas relativamente específicas contra estos serotipos víricos.

A partir de diciembre de 2020 se aisló en Reino Unido una variante genética que portaba 23 mutaciones ausentes del virus original de Wuhan. Esta variante, denominada alpha (α) pronto se hizo dominante en todo el mundo. Si bien se notificaron otras variantes, una nueva variante evolutivamente ventajosa con 20 mutaciones, denominada delta (δ), surgida durante el verano (2020) terminó por desplazar a la alpha (α) y otras existentes hasta entonces.

Finalmente surgió ómicron. Esta variante porta en su genoma 53 mutaciones, entre ellas las que ya estaban presentes en variantes anteriores (α y δ), por mencionar las dos más trascendentes. La selección natural favoreció a la variante ómicron al transmitirse con mucha mayor facilidad.

El estudio genético de la proteína S que sobresale del esferoide vírico evidenció la existencia de 30 mutaciones solo en dicha proteína, de ellas 13 extraordinariamente infrecuentes en otros coronavirus, incluyendo a los que únicamente afectan a murciélagos.

Solo aquellas mutaciones que son ventajosas evolutivamente al virus perduran; no aquellas que, bien son neutras o desventajosas para el germen infeccioso.

Otra particularidad excepcional de la variante ómicron es que las 13 mutaciones no se distribuyen aleatoriamente en la proteína infecciosa del coronavirus SARS-CoV-2. Se organizan en tres grupos (clusters) dando lugar a una variante única.

Dos de estos clusters modifican la estructura de la proteína S en su extremo apical dificultando que los anticuerpos específicos se engarcen a la proteína (el antígeno del virus o el codificado a partir del ARN mensajero de las vacunas). He ahí la razón por la cual las vacunas han perdido parte de su eficacia frente a esta variante.

El tercer cluster altera la estructura de la proteína S en su base (donde se inserta en el esferoide vírico), en una región conocida como dominio de fusión.

Ómicron es también particular en otro aspecto: a diferencia de la mayoría de los virus que inyectan su genoma en el interior celular, ómicron es invaginado íntegramente. Una vez engullido por la célula, se desintegra, el ARN liberado se multiplica y traduce en las proteínas que permiten construir nuevos viriones (partículas víricas). Esta manera peculiar de infectar podría explicar porque da lugar a una infección más leve que otras variantes anteriores. La variante ómicron crea tropismo hacia las células del tracto respiratorio superior.

El surgimiento de la variante ómicron puede ser un ejemplo de epistasis, fenómeno evolutivo que determina que la asociación de un conjunto de mutaciones, individualmente perjudiciales, se torne beneficiosa cuando se agrupan (forman un cluster).

No se sabe si el surgimiento de mutaciones se beneficia de la persistencia de la infección en pacientes con la inmunidad debilitada, o bien de la rápida transmisión entre personas. Existen argumentos a favor y en contra de ambas teorizaciones.

Una de las enseñanzas de la actual pandemia es nuestra ignorancia del mundo de los virus, su origen, evolución y adaptación a condiciones cambiantes.

Zaragoza, a 25 de enero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Descubrimiento del Botox

publicado a la‎(s)‎ 18 ene 2022, 11:37 por Lopeztricas Jose-Manuel

DESCUBRIMIENTO DEL BOTOX®


Hoy día se conoce el Botox® por su empleo en cosmética, pero no fue ese su uso inicial ni su aplicación clínica fundamental.

La toxina botulínica (técnicamente Onabotulinumtoxina A) es una neurotoxina 100 veces más tóxica que el cianuro. La toxina es segregada por una bacteria, Clostridium botulinum, causante de una infección (botulismo), con elevada mortalidad. En la actualidad, casi todas las infecciones derivan del consumo de alimentos envasados en los que ha proliferado el germen. Por ello no se deben consumir alimentos enlatados cuando en envase presente abombamientos.

Durante, y algunos años después de, la Segunda Guerra Mundial el Departamento de Defensa de Estados Unidos investigó esta toxina como potencial arma biológica.

Sin embargo, fue a finales de la década de 1970 cuando un oftalmólogo, Alan Scott convirtió la toxina botulínica en un medicamento oftalmológico.

Lejos se estaba entonces de imaginar que la toxina botulínica se convertiría en la base de una industria multimillonaria derivada de su empleo en cosmética para eliminar temporalmente las arrugas asociadas al envejecimiento de los tejidos. La «cara congelada» se puso relativamente de moda. Muchos directores de cine se contrariaron porque los actores (y sobre todo actrices) perdían expresividad de sus rostros siendo incapaces, por ejemplo, de fruncir el ceño o sonreír espontáneamente. Era un intento desesperado, temporal y caro de aferrarse a una juventud perdida. La discriminación social e incluso laboral ha hecho que muchas mujeres, incluso jóvenes, traten de prolongar su juventud de un modo bizarro.

El primer uso de la toxina botulínica se produjo en una paciente que tras un desprendimiento de retina tuvo como secuela la desalineación de un globo ocular. El preparado entonces utilizado, registrado como Oculinum® logró tratar con éxito a esta paciente, así como en otros con estrabismo o con blefarospasmo. Con estas indicaciones (estrabismo y blefarospasmo) se aprobó en Estados Unidos en 1989. [Blefarospasmo: contracción involuntaria de los párpados en respuesta a un estímulo doloroso o una distonía]. [Estrabismo, también denominado heterotropia, es la desalineación ocular, pudiendo ser vertical, horizontal o, más comúnmente, ciclotrópica (un ojo gira en sentido horario mientras el otro lo hace en sentido anti-horario). Muchas veces la corteza cerebral solo procesa la información visual procedente de uno de los ojos; en otras ocasiones se asocia a diplopía o visión doble].

Muy pronto la toxina botulínica empezó a inyectarse para el tratamiento de las migrañas y el bruxismo, observándose un inesperado efecto colateral: la paralización de los músculos faciales que suavizaba las arrugas, si bien su efecto era temporal. Fue entonces cuando se registró con el nombre de Botox®. La Food and Drug Administration (FDA) estadounidense autorizó su empleo con fines cosméticos en el año 2002.

Al principio ningún laboratorio se mostró interesado en explotar comercialmente este hallazgo. Finalmente, Alan Scott llegó a un acuerdo con Allergan en 1991 para la producción y comercialización de la toxina botulínica, cambiando su denominación de Oculinum al mundialmente conocido de Botox®.


Microfotografía de Clostridium bolulinum

Alan Scott no fue el primer científico que exploró el potencial terapéutico de Clostridium botulinum, «veneno de salchicha», tal como lo denominó Justinus Kerner, un poeta y médico alemán en la década de 1820, tras haber observado los efectos paralizantes de la intoxicación por una salchicha en trece habitantes de su ciudad, de los que seis fallecieron. ¡En verdad, la salchicha tenía que ser grande!

Tras ensayar con ese «veneno salchicha» en caracoles, langostas y conejos, lo probó en él mismo, describiendo su acción inhibidora sobre el sistema nervioso (esquelético y autónomo).

Tal vez una de las intoxicaciones mejor referidas en la literatura se produjo el 14 de diciembre de 1895 en la ciudad de Ellezellesin, Bélgica. Una banda de treinta y cuatro músicos locales se reunieron en una posada tras interpretar música durante un funeral. Tras la comida todos sufrieron alteraciones visuales (ptosis - caída de los párpados-, diplopía –visión doble- y midriasis), debilidad extrema, disfagia, disnea y disartria (dificultad de articular palabras). Unos pocos también manifestaron retención urinaria y estreñimiento. Durante los siete días siguientes, tres fallecieron. Enseguida se sospechó de intoxicación alimentaria causada por jamón en mal estado. Esta intoxicación fue estudiada por un Emile van Ermengem, un médico de Gante, Bélgica quien llevó a cabo investigaciones bacteriológicas, toxicológicas y clínicas, concluyendo que un bacilo Gram positivo anaerobio era el germen causal. Inicialmente lo denominó Bacillus botulínicum. Un año después (1896) pasó a denominarlo Clostridium botulinicum por el aspecto alargado del microorganismo (kloster en griego significa huso) y con aspecto de salchicha (botulus en alemán).

Hay tres interesantes referencias bibliográficas:

         Aronson J. When I use a Word… sausages. BMJ 1997; 315: 599.

         Devriese P. On the Discovery of Clostridium botulinum. Journal of the History of the Neuroscience 1999; 8: 43-50.

         Torrens J. Clostridium botulinum was named because of association with “sausage poisoning”. BMJ 1998; 316: 151.

Volviendo a la actualidad, en el año 2013 Alan Scott fundó la Strabismus Research Foundation (hoy día: The Smith Kettlewell Skeri Eye Research Institute), comenzó a ensayar el uso de un anestésico local, la Bupivacaína durante la estimulación eléctrica de los músculos oculares mediante un dispositivo implantado similar al clásico marcapasos cardíaco.

El laboratorio que primero comercializó Botox®, Allergan, fue adquirido por AbbVie en el año 2020. Durante los primeros nueve meses de 2021, las ventas de Botox® en todo el mundo fueron de 3.300 millones de dólares, la mitad solo con fines cosméticos.

En España se comercializan diversos preparados farmacéuticos de toxina botulínica no intercambiables farmacológicamente. Algunos han sido autorizados exclusivamente con fines cosméticos. Sin embargo, Botox® incluye el conjunto más amplio de indicaciones: blefarospasmo, espasticidad, hiperhidrosis, vejiga hiperactiva idiopática, distonía cervical, incontinencia urinaria por hiperactividad neurológica del músculo detrusor de la vejiga, y migraña.

Zaragoza, a 19 de enero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Alimentos, medicamentos e hipertensión

publicado a la‎(s)‎ 7 ene 2022, 10:49 por Lopeztricas Jose-Manuel

ALIMENTOS, MEDICAMENTOS E HIPERTENSIÓN


Aun cuando distintos estudios epidemiológicos ofrecen resultados dispares, existe consenso en el hecho de que la hipertensión afecta a una parte sustancial de la población adulta en todos los países del mundo.

Se conoce bien que diversos grupos de medicamentos elevan la presión arterial: los antiinflamatorios no esteroides (AINEs), los antidepresivos inhibidores de la re-captación de serotonina (SSRI, de su acrónimo en inglés) y los esteroides. Existen otros menos conocidos que también incrementan las cifras tensionales. Así sucede también con algunos preparados de herboristería que no precisan prescripción médica para su adquisición en farmacias.

Las cifras aceptables de presión arterial (sistólica y diastólica) varían en función de la edad, pero también según diversas guías clínicas. Por ejemplo, hace algunos años las recomendaciones de la Asociación Americana de Cardiología aceptaban como normales valores que no sobrepasasen 140/90, sobre todo a partir de la sexta década de vida. Sin embargo, el 22 de noviembre (Día de Acción de Gracias – Thanksgiving Day) de 2017 rebajó el objetivo deseable a 120/80. Ese mismo día, varios millones de estadounidenses pasaron a ser hipertensos por mor de una decisión basada en estudios estadísticos financiados por laboratorios farmacéuticos fabricantes de fármacos antihipertensivos que vieron así ampliarse sus expectativas de negocio. [Los criterios de las sociedades científicas europeas continúan aceptando los valores 140/90 como normales].

Como se sabe, la hipertensión arterial crónica es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular (manifestada mayoritariamente como infartos, ictus y hemorragias cerebrales) y renal; pero también de procesos degenerativos tales como demencias de origen vascular.

Se ha hecho hincapié en el aumento de patología mental durante la actual pandemia de coronavirus covid-19; pero se ha hablado menos de sus consecuencias sobre los valores de presión arterial en la población independientemente de que estén tomando, o no, medicación antihipertensiva. Se ha observado un mayor incremento de la presión sistólica que diastólica. Además la elevación de las cifras tensionales fue más significativa en mujeres. Sin embargo, no se ha tenido en cuenta un sesgo importante, la etnia, sobre todo porque la hipertensión es más común entre los afroamericanos que entre los caucasianos (de raza blanca).

Este incremento promedio de los valores tensionales tendrán un efecto sobre la prevalencia de infartos, accidentes cerebrovasculares (ictus) y enfermedades renales y oculares. Se podrían considerar efectos colaterales de la pandemia, tanto si se ha enfermado de covid-19, como si no. Estas consideraciones han sido objeto de una Carta al Director en la revista médica Circulation.

Por otra parte, la hipertensión es un factor predisponente y agravante de la infección covid-19.

Las alteraciones (estadísticamente) siguieron la cronología temporal de la pandemia cuando las personas redujeron su actividad física, descuidaron su alimentación y durmieron peor. Así mismo, el acceso a la atención médica primaria se precarizó.

Los tratamientos farmacológicos mantienen la presión arterial en cifras aceptables a lo largo del tiempo. Sin embargo, algunos factores exógenos relacionados con la alimentación y el estilo de vida pueden disminuir la eficacia de la farmacología antihipertensiva.

Al objeto de estandarizar la afirmación anterior, se llevó a cabo un estudio en el que participaron 27.599 adultos, de los que un 35,4% no tenían controlada sus cifras tensionales (esto es, eran clínicamente hipertensos). En Estados Unidos se llevó a cabo una encuesta (con el auspicio de los NHANES) a fin de valorar el estado nutricional de la población y su efecto sobre el control de la hipertensión. [NHANES es el acrónimo de National Health And Nutrition Examination Surveys].

Uno de los hallazgos fue que el 17,5% de los participantes cuya hipertensión no se controlaba adecuadamente, tenían prescritos medicamentos para diversas patologías que elevaban la tensión arterial. Se infirió que algunas personas recibían tratamiento antihipertensivo para controlar una hipertensión yatrogénica (desencadenada por la ingesta de otros medicamentos).

El estudio se publicó en noviembre (2021) en la revista JAMA (Journal American Medical Association), siendo su autor principal Timothy S. Anderson, adscrito al Beth Israel Deaconess Medical Center, en Boston, Massachusetts. Su objetivo era alertar a médicos y pacientes sobre los riesgos que determinadas prescripciones tienen sobre la presión arterial, sobre todo de quienes, teniéndola elevada, precisan tratamiento farmacológico.

La lista de medicamentos de prescripción y de venta libre (OTC, acrónimo Over The County, traducible como “sobre el mostrador”) que interfieren con un adecuado control de la tensión arterial es larga: desde los mencionados antiinflamatorios no esteroides, a los esteroides (presentes por ejemplo en preparaciones anticonceptivas), algunos antidepresivos de uso generalizado; pero también la sal, el café (y otros estimulantes), regaliz, ginseng, alcohol (en cantidades moderadas), nicotina, y una extensa miscelánea. [La cafeína puede elevar la presión arterial a corto plazo en algunas personas].

Conocer (e informar al médico) de estos consumos hace posible el control de la hipertensión arterial con tratamientos menos agresivos y, consecuentemente, menos yatrogénicos.

Otro aspecto prioritario para un buen control de la presión arterial es mantener un peso adecuado y el ejercicio aeróbico moderado ajustado a la edad y acondicionamiento del paciente.

Los medicamentos antidepresivos SSRI (serotoninérgicos) son muy idiosincrásicos: su efecto sobre la presión arterial es significativo en algunos pacientes e inexistentes en otros.

Una de las acciones más significativas sobre el control de la presión arterial es la reducción de peso. Solo con esta modificación se puede evitar, o posponer, un tratamiento antihipertensivo.

Otros factores ya mencionados son el hábito tabáquico y el consumo moderado o excesivo de bebidas alcohólicas, sobre todo destilados.

El control de la hipertensión requiere un ajuste personalizado de los tratamientos, casi siempre sobre la base de «ensayo y error» hasta dar con el que se consigue un adecuado control tensional sostenido en el tiempo con mínimos efectos adversos. Para lograrlo es fundamental tener en cuenta los factores exógenos (otros fármacos, control del peso, dieta adecuada, evitación del hábito tabáquico y consumo de sal, así como ejercicio aeróbico).

Zaragoza a 7 de enero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Gravedad de la variante ómicron covid-19

publicado a la‎(s)‎ 3 ene 2022, 11:06 por Lopeztricas Jose-Manuel

GRAVEDAD DE LA VARIANTE ÓMICRON COVID-19


Parece un hecho constatado: la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2 causa una sintomatología más leve que las variantes más prevalentes hasta ahora.

Diversos estudios experimentales en roedores han observado que [con la variante ómicron] se afectan preferentemente las vías respiratorias superiores (nariz, tráquea) y no tanto las vías respiratorias inferiores (bronquios y tejido pulmonar).

La causa principal de la gravedad de la infección covid-19 se atribuye a la formación de tejido cicatricial no funcional en el parénquima pulmonar que compromete gravemente la respiración.

Con la variante ómicron es como si la infección estuviese derivando hacia un proceso de vías respiratorias altas, menos grave, más parecido a los catarros comunes, causados mayoritariamente por otros coronavirus.

Cuando se conoció la aparición de la variante ómicron en Sudáfrica, la inquietud surgió al observar que portaba más de 50 mutaciones genéticas, incluyendo casi todas las ya conocidas de variantes anteriores, incluyendo la delta (δ), todavía en circulación. Algunas de estas mutaciones incrementaban la adherencia del virus a la proteína (ACE2) de las células humanas; otras variantes permitían soslayar la respuesta inmune del paciente. ¿Qué sucedería con una variante que portase todas estas mutaciones? Nadie tenía respuesta; y se desató el pánico. [ACE2 es el acrónimo de Angiotensin Convertase Enzyme type 2].

Se han llevado a cabo, de manera muy apresurada, diversos estudios en roedores, infectándolos con la variante ómicron.

Mientras tanto, la epidemiología mostró que la variante ómicron se ha expandido de manera vertiginosa por todo el planeta, con una contagiosidad mucho más elevada que las variantes precedentes, sin distinción entre vacunados y no-vacunados. ¿Los anticuerpos de los vacunados o supervivientes de la infección no eran efectivos contra ómicron?, o tal vez el virus había adquirido la capacidad de soslayar la presencia de estos anticuerpos.

Sin embargo, a medida que el número de contagiados aumentó de modo muy significativo, las hospitalizaciones solo lo hicieron modestamente, y todavía más lentamente los fallecimientos.

Se ha constatado, hasta ahora, que la variante ómicron tiene una probabilidad menor de causar una enfermedad grave, sobre todo entre personas vacunadas con las vacunas diseñadas con la tecnología del ARN mensajero (Pfizer-BioNTech, y Moderna Therapeutics). Con todo, hay que ser muy cauteloso con estas afirmaciones. Había que tener en cuenta que los primeros casos se produjeron en personas jóvenes (menos susceptibles a desarrollar graves cuadros clínicos) y que todavía tenían relativamente reciente vacunas contra otras infecciones. [Cualquier vacuna contra una infección protege, siquiera levemente, contra otras infecciones, tal como se vio con la vacuna BCG contra la tuberculosis en muchos lugares de África].

Los experimentos llevados a cabo en animales (roedores) llegan a una misma conclusión: la variante ómicron, aunque mucho más contagiosa, es menos grave (pero no inocua) que la variante delta (δ) y otras anteriores (αβ). [La variante α es la primera que surgió en Wuhan; y la variante β es la denominada «británica»]. Los roedores infectados experimentalmente con ómicron sufrían menos daño del tejido pulmonar, perdían menos peso y su mortalidad era inferior. Estas observaciones fueron especialmente llamativas con los hámsteres sirios (Mesocricetus auratus), una especie de roedores que enfermaba muy gravemente con variantes previas del SARS-CoV-2. Dada la urgencia, todos estos estudios se han publicado online, sin ser sometidos a la «revisión por pares» (peer-review), condición necesaria para su publicación en revistas científicas referenciales.

La razón de que la variante ómicron sea menos patógena puede depender de aspectos anatómicos. Durante los experimentos en animales se observó que los niveles de coronavirus en las fosas nasales de los roedores era similar al observado con otras variantes, pero la carga viral en el tejido pulmonar era hasta 10 veces inferior.

Un hallazgo similar se observó en un estudio de la universidad de Hong-Kong. Se extrajeron fragmentos de vías respiratorias humanas obtenidas de diversos procedimientos quirúrgicos. En 12 muestras los investigadores hallaron que la variante ómicron se multiplicaba mucho más despacio que otras variantes (δαβ). Una extensión de este estudio evidenció que la variante ómicron crecía mucho más deprisa en la tráquea en relación a otras variantes del SARS-CoV-2.

Están actualmente en curso estudios en animales superiores (monos) para validar los resultados obtenidos en roedores.

Las infecciones por coronavirus comienzan en la boca y las fosas nasales, propagándose hacia la tráquea. Los coronavirus que causan procesos catarrales no van más allá. Sin embargo, el SARS-CoV-2 alcanza el tejido pulmonar donde puede desencadenar graves neumonías. Llegados a esta situación, la respuesta inmune del paciente, incluyendo la inflamación, puede ser más perjudicial que la propia infección, dando lugar a la formación de tejido cicatricial (no funcional) y coagulación diseminada  (debido a la denominada «tormenta de citoquinas») pudiendo derivar en un fallo de múltiples órganos generalmente mortal.

Muchas células pulmonares (pero no otras células del sistema respiratorio) expresan en su membrana una proteína TMPRS2 que puede facilitar el ingreso de los virus en el citoplasma celular. Por razones ignoradas este receptor celular tiene poca afinidad por la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2. [La variante δ mostraba una afinidad elevada]. [TMPRS22 es el acrónimo de Trans-Membrane Protein Serine].

El hecho de que el virus de la variante ómicron se concentre en las vías respiratorias altas (fosas nasales y tráquea) explica también su mayor contagiosidad, al ser expelido más fácilmente mediante aerosoles al hablar o toser.

No solo su localización preferencial en el tracto respiratorio superior, sino su habilidad para soslayar a los anticuerpos, explica que sea tan contagioso, incluso más entre las personas vacunadas o que han superado una infección.

Ómicron no deja de sorprender: una de las mutaciones de la variante parece debilitar la inmunidad innata, una respuesta inmediata ante cualquier infección, sin el retraso de la inmunidad mediada por anticuerpos. ¿Es este otro de los secretos que nos guardaba ómicron?

Zaragoza, a 3 de enero de 2022

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

Más sobre la variante Ómicron del SARS-CoV-2

publicado a la‎(s)‎ 23 dic 2021, 12:06 por Lopeztricas Jose-Manuel

MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA VARIANTE ÓMICRON DEL SARS-CoV-2

(23 de diciembre de 2021)


Recientes estudios de laboratorio (obviamente preliminares) muestran que las personas con bajas concentraciones de anticuerpos por haber transcurrido varios meses de la última dosis de vacuna o desde que se recuperaron de la infección, tienen más riesgo de contagiarse (o re-infectarse) con la variante ómicron de covid-19 en comparación con las personas sin anticuerpos anti-covid-19.

No obstante, la presencia o ausencia de anticuerpos anti-covid-19 en sangre puede condicionar la evolución del infectado, bien hacia un proceso leve o hacia una forma grave, potencialmente mortal.

¿Se puede concluir que los anticuerpos anti-covid-19 no protegen contra la infección (o re-infección) por la variante ómicron?

La respuesta es: NO.

Hasta donde se sabe, una dosis de refuerzo elevará los títulos (concentraciones) de anticuerpos hasta un nivel aceptable que teóricamente dificultará el contagio.

¿Existe una explicación de este hecho inesperado? Actualmente NO.

Simplificando, la respuesta inmunitaria ante cualquier infección depende de los anticuerpos (fabricados por una estirpe celular, las células B) y de otra estirpe celular, las células T. La capacidad de respuesta de estas últimas [células T] frente a la variante ómicron parece no haber disminuido.

Un problema añadido es que los anticuerpos monoclonales usados como fármacos contra el covid-19 muestran escasa eficacia.

La variante ómicron recopila casi todas las mutaciones de variantes previas (α, βδ, etc.). La variante ómicron (letra “o” minúscula del alfabeto griego) no porta una mutación nueva (como sucedía con las variantes anteriores), sino que lleva todas las conocidas hasta ahora en otras variantes. Se podría afirmar que estamos ante un coronavirus SARS-CoV-2 perfeccionado en su contagiosidad, aunque parece ser menos virulento. De todas formas, para confirmar esto último habrá que esperar algunas semanas. Además, esta variante (ómicron) coexiste junto a otras anteriores, sobre todo la delta (δ).

¿Pueden surgir otras variantes del SARS-CoV-2 durante los próximos meses? Es probable. La Historia enseña que las pandemias terminan cuando el sistema inmune se vuelve competente para afrontar casi cualquier mutación del germen infeccioso. Se desconoce si con el coronavirus SARS-CoV-2 sucederá lo mismo, y cuándo.

Zaragoza, a 23 de diciembre de 2021

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Farmacia Las Fuentes

Zaragoza

1-10 of 1152