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Marcapasos, 1933

MARCAPASOS, 1933

El domingo 11 de junio de 1933, The New York Times daba cuenta de la inauguración de un simposium de la American Medical Association para el día siguiente, lunes día 12. Junto con la muestra de un tratamiento para el cáncer basado en rayos X de alto voltaje, un instrumento usado también en casos de asesinato, sobre todo los asociados a envenenamiento por metales tóxicos, en el artículo se hacía referencia a la que sería primera demostración de un “marcapasos artificial” por el cual, se afirmaba, “corazones que han dejado de latir, pueden, a veces, comenzar a hacerlo de nuevo”.

El artilugio no generó mayor interés entre el público hasta que el 28 de abril de 1955, The New York Times describió que un profesor de medicina de Harvard, usando un marcapasos, había logrado mantener los latidos del corazón de un paciente, ¡109 horas!.

En enero de 1958 se describió un marcapasos eléctrico artificial, usado durante una intervención quirúrgica, para restaurar los latidos de un corazón detenido, hasta que el propio órgano recuperase su funcionamiento  normal.

A finales del mismo año, el 27 de noviembre de 1958, se dio a conocer el primer éxito del uso a largo plazo de un marcapasos en un corazón humano.

“Electrodos en el corazón salvan la vida de un hombre” se lee en el encabezamiento del artículo, encima de un dibujo de Pincus Shapiro, un hombre de 76 años, vestido con elegancia, quien se mantuvo unido al marcapasos (por entonces un aparato externo de considerable tamaño) durante más de tres meses. Transcurrido ese tiempo, se le desconectó y su corazón fue capaz de latir por sí mismo.

En la imagen, Pincus Shapiro, su esposa Estella y su cardiólogo, Dr. Seymour Furman, en el Montefiore Hospital, en el Bronx (un barrio de New York). El paciente, con parecido evidente a Groucho Marx, mantiene un cigarro mientras está unido al aparato. Sirva de ejemplo para muchos cretinos fundamentalistas actuales. El electrodo unido al corazón del Sr. Shapiro debía permanecer unido al aparato, de modo que durante 96 días solo pudo moverse lo que le permitía la longitud del cable.

Por suerte, pronto se desarrolló un marcapasos portátil. Así, el 23 de junio de 1959, se daba cuenta de que un artesano de la plata, Herman Nisonoff, había caminado por el exterior del Montefiore Hospital, llevando en la mano el aparato que hacía posible que su corazón latiera. Las baterías del aparato debían durar 120 días, pero, por si acaso, el paciente debía acudir semanalmente al hospital.

Pincus Shapiro falleció en 1962, tres años después de que su corazón se uniese a un marcapasos externo portátil. Al año siguiente (1963) más de 3.000 personas en Estados Unidos vivían gracias a un marcapasos implantado, del tamaño de un reloj de pulsera.

Y el 24 de octubre de 1965, The New York Times afirmaba que más de 10.000 americanos seguían con vida gracias a un minúsculo dispositivo implantado en sus organismos, denominado marcapasos electrónico.

Actualmente (2011), se estima que alrededor de un millón de norteamericanos son portadores de marcapasos, implantándose cada año unos 200.000 dispositivos nuevos.


Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

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José Manuel López Tricas,
15 feb. 2011 11:23
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