Khat: negocio y tradición

KHAT: NEGOCIO Y TRADICIÓN

Madrugada en Mogadiscio, Somalia. Varios camiones se dirigen al comienzo de la pista del aeropuerto, todavía cerrado. Antes de que el aeródromo inicie su actividad comercial, aterrizan pequeñas avionetas “freelance”, tan sobrecargadas que no pocas veces terminan despanzurradas durante el aterrizaje en los campos aledaños. ¿Qué transportan estas avionetas con tanta prisa?. Hojas de una planta, Catha edulis, también conocida como “té de Abisinia”, o más comúnmente, como Khat.

El tráfico de Khat hacia Somalia, desde Etiopía, Sudán, Uganda y principalmente Kenia, representa un negocio que mueve millones de dólares. Una gran parte de la ayuda multimillonaria que diversas organizaciones benéficas entregan a Somalia, se utilizan para el comercio de Khat. Su empleo está prohibido en Estados Unidos; pero curiosamente está autorizado en Gran Bretaña, donde muchos trabajadores portuarios son de origen somalí y yemení; y mascan las hojas que les llegan desde sus países de origen.

Y es precisamente Yemen el país donde el uso de Khat está más extendido. Catha edulis es un arbusto, modesto cuando crece en zonas áridas; pero llega a ser un espléndido árbol en regiones tropicales. Los yemeníes dicen que el mascado de Khat les da energía y mayor capacidad de concentración; además de actuar como lubricante social, ayudando a resolver los conflictos de la vida diaria. Todos los intentos gubernamentales de erradicar el mascado de Khat (hojas de Catha edulis) han fracasado. Tal vez el más sonado fue la campaña anti-khat de 1972, cuando el entonces Primer Ministro, Mohsin Al-Aimi, prohibió a los funcionarios que mascaran Khat durante su jornada laboral. A los tres meses de iniciada esta campaña, Mohsin Al-Aimi se vio obligado a dimitir tras descubrirse su afición a mascar las hojas.

Los viajeros europeos que se aventuraron en esas regiones, describieron que el uso continuado de Khat daba lugar a torpeza, melancolía, estreñimiento e insomnio, contribuyendo a distorsionar los lazos familiares. Unos efectos antitéticos del que describen los actuales yemeníes.

Algunos estudios recientes han relacionado la incidencia, relativamente elevada, de cánceres de estómago y esófago, así como linfomas (un tipo de cáncer hematológico) con el uso masivo de Khat. Sin embargo, la verdadera razón de estas graves enfermedades radica en el uso de fertilizantes, que se depositan sobre las hojas.

Y no hay que obviar la vinculación entre el Khat y el café. Cuando los primeros europeos llegaron al golfo de Adén, en las costas del mar Rojo, en el siglo XV, saborearon lo que los árabes llamaban Kahwa, comerciado en el puerto de Mocha. En aquella época, tanto el Kahwa (de donde deriva la palabra café) como el Khat se tomaban en forma de infusión. Los comerciantes europeos trajeron a Europa el Khawa porque sus semillas se conservaban mejor durante los largos viajes. Y probablemente por ello en Europa hoy día consumimos café en lugar de tomar infusiones de Khat, o incluso mascar sus hojas.

El puerto yemení de Mocha adquirió gran relevancia económica hasta que el descubrimiento de América a finales del siglo XV y el éxito de las plantaciones cafeteras en Java (Indonesia), dieron al traste con la importación a través del puerto yemení.

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista en Farmacia Hospitalaria

Zaragoza