Fibromialgia: ¿enfermedad real?

FIBROMIALGIA: ¿ENFERMEDAD REAL?

Pfizer ha iniciado una campaña publicitaria en las televisiones norteamericanas acerca de su medicamento Lyrica®, en razón de ser el primer fármaco autorizado para el tratamiento del dolor asociado a la fibromialgia.

Sin embargo, no existe acuerdo entre los Clínicos en cuanto a considerar a la fibromialgia una entidad nosológica.


Para las asociaciones de enfermos de fibromialgia y algunos Clínicos, Lyrica® (pregabalina) constituye la piedra angular, no solo porque puede ayudar a controlar el dolor de estos pacientes, sino porque puede allanar el camino para la autorización por la FDA (Food and Drug Administration) de otros dos nuevos medicamentos para esta condición; y, además, puede limar las suspicacias a la hora de reconocer a la fibromialgia como una verdadera enfermedad. La pregabalina puede legitimar a la fibromialgia, del mismo modo que Prozac® (fluoxetina) allanó el camino en la aceptación social de la depresión.

Los críticos de la fibromialgia advierten que la nueva situación puede dar lugar a que se termine administrando pregabalina, y otros medicamentos, a pacientes en quienes no estaría justificado; a la vez que ven intereses por parte del fabricante de Lyrica® en incrementar los beneficios derivados de una mayor prescripción de pregabalina.

La fibromialgia afecta principalmente a mujeres adultas, de mediana edad, caracterizándose por dolor crónico generalizado sin causa que lo justifique; así como una nebulosa de otros síntomas, entre los que es común el intestino irritable y la fatiga crónica.

El dolor crónico generalizado, refractario al tratamiento con analgésicos, incluso opiáceos, se aborda con fármacos como pregabalina (y su antecesor, gabapentina) cuyo efecto está vinculado a la percepción cerebral del dolor, más que a un efecto analgésico sensu strictu.

Entre las asociaciones de pacientes de fibromialgia (financiadas parcialmente por los fabricante de estos nuevos medicamentos) y los Clínicos que los tratan, la prevalencia de fibromialgia entre la población estadounidense oscila entre el 2% y el 4%, esto es, alrededor de 10 millones de personas.

En opinión de los críticos, el propio diagnóstico empeora la situación de los pacientes, al enmarcar sus síntomas inespecíficos dentro de una enfermedad. El diagnóstico de fibromialgia consolida los síntomas, que pasan así a requerir un tratamiento. Y los medicamentos que se prescriben tienen un conjunto de efectos adversos claramente discernibles, que complican la situación psicosomática del paciente.

La American College of Rheumatology, y la FDA (con el beneplácito de la industria farmacéutica) otorgan credibilidad a la fibromialgia como una enfermedad discernible y diagnosticable. Naturalmente, la industria farmacéutica encuentra en esta nueva enfermedad un mercado creciente para sus fármacos.

Tanto Eli Lilly como Forest Laboratories, van a solicitar la autorización de nuevos fármacos para la fibromialgia, que confían lleguen al mercado a finales del presente año 2009 o a lo largo del año 2010.

Las ventas mundiales de Lyrica®, que ya se estaba usando para el control de determinados tipos de epilepsia, así como para el tratamiento de la neuropatía diabética, fueron en 2007 de 1,8 billones de $, un 50% superiores a las de 2006. La indicación de uso en la fibromialgia (junio de 2008) supondrá, según las previsiones, un incremento de las ventas de un 30% con respecto a 2007. Los datos de ventas mundiales de 2008 todavía no han sido publicados.

Algunos de los defensores de otorgar entidad clínica a la fibromialgia afirman que las tomografías cerebrales de los pacientes con fibromialgia muestran diferencias en la forma como procesan los estímulos dolorosos; pero, no es posible usar las imágenes cerebrales para predecir si la persona en cuestión padecerá la pléyade de síntomas que se engloban bajo el epígrafe de fibromialgia. Por otra parte, no existe ningún test diagnóstico; y esta entidad nosológica no se ha podido relacionar con causas biológicas o ambientales.

Las personas que padecen dolores se quejan de la falta de reconocimiento y aceptación social hasta que el conjunto de sus síntomas no recibe un nombre, esto es, un diagnóstico. Y, entre tanto, se refugian en asociaciones de enfermos de fibromialgia. Pero, no olvidemos, que estas asociaciones reciben financiación de los propios laboratorios que comercializan medicamentos contra la fibromialgia o tienen productos en fase de investigación.

Según algunos autores, el diagnóstico de fibromialgia empeora la situación de los pacientes a los que se les diagnostica. Llegan a ser enfermos de un conjunto de síntomas sin una causa aparente.

El Dr. Frederick Wolfe, director del National Databank for Rheumatic Disease, pasó de escribir artículos defendiendo la fibromialgia, a una postura bastante crítica: el conjunto de síntomas de fibromialgia son una respuesta al stress, depresión y ansiedad, que se ponen de manifiesto cuando determinadas situaciones sociales y/o económicas no se saben (o no se pueden) controlar. El Dr. Wolfe ha escrito: antes, pensábamos que habíamos descubierto una enfermedad nueva; pero, en realidad, fabricábamos enfermos al diagnosticarles una enfermedad. Actuábamos equivocadamente.

Los pacientes con fibromialgia no se quejan solo de dolor generalizado, sino también de otros muchos síntomas, tales como lumbalgia (63%), fatiga crónica (40%) y acufenos (30%). Estos, y otros síntomas, interfieren con sus actividades más cotidianas. Según algunas opiniones, estas personas manifiestan una pobre adaptación a las vicisitudes de la vida; y de ello derivan la mayoría de sus síntomas.

El debate continúa abierto.

 

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

 

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Lopeztricas Jose-Manuel,
13 dic. 2010 3:06
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