Darfur (Sudán)

DARFUR (SUDÁN)

Un padre entierra a su hija de 12 años muerta de deshidratación causada por diarrea

Aunque la violencia en Darfur (Sudán) ha dado una tregua, un estudio revela que durante el sexenio de guerrilla armada, alrededor del 80% de las 300.000 muertes estimadas se produjeron por enfermedades, y no tanto de resultas de la lucha armada.

Esta estimación no es correcta durante la primera fase del conflicto, que comenzó en 2003. Al comienzo las fuerzas gubernamentales quemaron muchas aldeas y bombardearon de modo indiscriminado las áreas rebeldes.

Entonces comenzó el éxodo: los campos de refugiados acogieron aproximadamente 2,7 millones de personas; y la aglomeración en condiciones de mínima salubridad trajeron la muerte por diarrea, neumonía, malaria y otras enfermedades que desde siempre han acompañado la precaria existencia de estas gentes.

Esta información procede de un estudio llevado a cabo por investigadores del “Centro para la Investigación de Epidemiología de Desastres”, de la universidad católica de Lovaina, Bélgica, co-financiado por el Departamento Británico de Desarrollo Internacional, y cuyos resultados se han publicado en la revista médica británica The Lancet.

Darfur es una región relativamente mal delimitada y de enorme extensión, de manera que resultó muy difícil estimar el número de muertes por extrapolación, una técnica usada durante muchos conflictos bélicos. La estimación se llevó a cabo mediante entrevistas a las familias, comparando estos datos con la estimación de mortalidad en otras zonas de Sudán sin conflictos, y donde, no obstante, la mortalidad infantil es insoportablemente alta.

Ni siquiera hay acuerdo acerca de cuántas personas han muerto a consecuencia del conflicto en Darfur, y las hambrunas subsiguientes. Pero, en cualquier caso, la cifra es enorme, superando ampliamente las 100.000. ¿Qué valor ético tiene discutir acerca de la aritmética de un sufrimiento que no somos capaces siquiera de paliar?.

En 2007, la organización Save Darfur Coalition, anunció que “400.000 hombres, mujeres y niños inocentes habían sido asesinados”. Sin duda la cifra se exageró, buscando con ello dañar al gobierno de Jartum (capital de Sudán). La cifra es posiblemente muy inferior, pero igualmente brutal.

Sudán, junto con Egipto (prácticamente toda la cuenca fluvial del Nilo) formó parte del imperio británico, gobernado bajo un régimen de condominio, hasta su independencia, autodeclarada en 1955, con Ismail al-Zahari como Primer Ministro. La élite intelectual del país, que condujo a Sudán hasta su independencia había surgido de la universidad de Jartum, fundada por los británicos en 1902, inicialmente denominada Gordon Memorial College, con su Facultad de Medicina (Kitchener Medical School). La población del sur, que representaba alrededor de la tercera parte de la población total, se opuso al nuevo gobierno. Y de este rechazo, cuyas causas se enraízan por las diferencias entre un norte musulmán y un sur cristiano y animista, surgen las diversas guerras civiles sudanesas.

Sin haberse resuelto del todo el conflicto norte-sur, surge en la década de 1980 otra insurgencia en la región occidental (Darfur), que forma parte del denominado sahel africano, una extensa zona árida y relativamente montañosa que extiende al sur del Sahara.

Desde su inicio como nación, el problema sudanés se ceñía a la guerra, más o menos solapada, entre el norte musulmán y árabe, donde se asienta el gobierno, y el sur, cristiano y anglohablante. Sin embardo, el conflicto de la región de Darfur se asienta en un problema distinto: la superpoblación en un área con mínimos recursos para la subsistencia; la lucha surge de la rivalidad y desconfianza entre los propios musulmanes, negros de un lado, y árabes de la otra parte. Es en esta región donde las consecuencias de las hambrunas se evidencian en su forma más despiadada.

La falta de imágenes impermeabiliza nuestras conciencias ante la violencia y enfermedad en estas remotas regiones del oriente africano. Para complicar más la situación, los grupos rebeldes han comenzado a enfrentarse entre ellos, además de mantener su lucha con el gobierno de Jartum. La ayuda alimentaria se ha reducido, en parte por la crisis financiera internacional, pero también por el empleo de productos agrícolas como biocombustibles. Además, muchas Agencias de ayuda humanitaria han sido expulsadas de la zona, a lo que ha contribuido sin duda la información sesgada sobre el número de muertes en la región.

Debemos realizar palinodia; y considerar que la verdad es parte esencial de cualquier proyecto sincero de ayuda a los grupos sociales más desfavorecidos.

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza