Escuelas en Afganistán

publicado a la‎(s)‎ 6 oct. 2011 13:19 por José Manuel López Tricas   [ actualizado el 6 oct. 2011 13:19 por Victor Sin ]


ESCUELAS EN AFGANISTÁN

La insurgencia talibán ha disminuido sus ataques a escuelas, allanando el camino para que niños, y sobre todo niñas, asistan cada vez más a clase, incluso en las regiones más inseguras del país.

El año escolar comienza en Afganistán el 21 de marzo. Desde esa fecha “solo” se han registrado veinte ataques relacionados con las escuelas, según Gul Agha Ahmadi, portavoz en la capital, Kabul, del Ministerio de Educación. Los ataques incluyen incendios deliberados, secuestros, amenazas, e incluso asesinatos de escolares y profesores.

Aun cuando el recuento de los ataques sufridos por las escuelas, incluyendo los padecidos por alumnos y docentes, depende de la fuente consultada, la realidad constatable es una drástica disminución durante los últimos dos años. Es demasiado pronto para saber si esta reducción es el reflejo de un cambio permanente. Las dudas surgen porque hasta ahora se venían manteniendo conversaciones con los talibanes; y hay quien sospecha que la disminución de los ataques era ventajoso para sus intereses, mostrando un menor grado de fanatismo y radicalismo. Mientras los ataques a las escuelas ha disminuido, la violencia terrorista en su conjunto ha aumentado y se ha extendido a zonas hasta ahora relativamente tranquilas.

Se discute acerca de si la nueva situación es consecuencia de una mejora de las condiciones de seguridad, de un cambio de la filosofía talibán, o, probablemente, ambas circunstancias simultáneamente.

Se afirma que Mullah Mohammad Omar, líder espiritual de los talibanes, emitió un decreto el pasado mes de marzo en el que prohibía a sus guerrilleros atacar las escuelas e intimidar a los escolares. El Ministerio de Educación se siente satisfecho con este decreto aun cuando afirma no haberlo visto.

Mientras tanto, Ghulam Farooq Wardak, Ministro de Educación, intenta persuadir a los ancianos de las comunidades y los líderes religiosos que la educación es vital para el futuro del país.

Mullah Omar ya dictó estos edictos o decretos en el pasado, pero no fueron escuchados de modo mayoritario, probablemente porque bajo el término “talibán” se amparaban grupos insurgentes muy diversos, en no pocas ocasiones enfrentados entre ellos.

Los defensores de la infancia son muy cautelosos porque, si bien el número de ataques a las escuelas ha disminuido, éstos no han cesado. Hace unos meses, un director de un colegio de Kabul, la capital, fue asesinado por admitir niñas en su centro. Incluso ahora, 400 escuelas permanecen cerradas por motivos de seguridad, sobre todo en las regiones con mayoría pashtum (la etnia que sustenta a los talibanes), la franja que se extiende desde la provincia de Helmand (donde se concentra la producción de opio), a través de Kandahar, hasta la provincia de Pakitika.

El actual curso escolar (que en Afganistán se inicia en el mes de marzo), 8,3 millones de niños (de los que aproximadamente un 40% son niñas) asisten a la escuela. La cifra es mejor que la del año anterior, cuando se estimó la asistencia de 7,6 millones de escolares. Pero todavía hay unos 4 millones de niños que no asisten a clases, por razones de índole diversa, sociales, económicas o por miedo.

Antes de que Mullah Omar dictase su edicto de marzo (del que se tiene constancia de oídas pues nadie fiable lo ha visto), los insurgentes talibanes vociferaban amenazas en el exterior de las escuelas o enviaban notas amenazantes durante la noche, amedrentando a la población, sobre todo a los niños en edad escolar.

La situación más favorable ha hecho posible abrir las escuelas en algunas de las provincias más conflictivas.

En la conflictiva provincia sureña de Helmand, una de las más violentas, la gente cede tierras para la construcción de escuelas en la esperanza de que ahora los talibanes (que paradójicamente significa estudiantes) no se opongan. Hasta ahora, ha sido posible construir veinte escuelas a partir de las donaciones.

La disminución de los ataques ha sido muy significativa en Kandahar (la ciudad con más afección talibán), sobre todo en las escuelas a las que asisten niñas. El ataque más horrible que se recuerda en esa ciudad ocurrió el 12 de noviembre de 2008, cuando un grupo de hombres montados en motocicletas lanzó ácido sobre 11 niñas y 4 profesores que salían de su centro escolar dejando su rostro deformado para el resto de sus vidas.

La prohibición de que las niñas tuvieran acceso a la educación fue uno de los símbolos más aberrantes del régimen talibán, que se mantuvieron en el poder entre los años 1996 y 2001. El pasado mes de abril en protesta por la quema pública de un ejemplar del Corán (libro sagrado de los musulmanes) por un pastor de Florida (USA), jóvenes radicales recorrieron las calles de Kandahar, ondeando banderas talibanes y lanzando vítores al Mullah Omar. Lo más terrible fue que dirigieron su furia hacia Zarghona Ana, una escuela superior para niñas, prendiéndole fuego mientras las niñas se mantenían escondidas en los baños. Milagrosamente no murieron calcinadas.

En otro grave incidente, esta vez en la ciudad de Zunduz, en el norte de Afganistán, un grupo de treinta hombres, afirmando pertenecer a los arbeki, una especie de somatenes locales, dejaron en coma al director y subdirector de una escuela.

Tristemente los talibanes tienen la capacidad para obligar a cerrar cuántas escuelas deseen, sobre todo fuera de la capital, Kabul. Nadie tiene sólidas esperanzas de un cambio permanente en su fanatismo.

Zaragoza, octubre, 2011

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

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