Crisis económica y salud

CRISIS ECONÓMICA Y SALUD

En la actualidad mucha gente está preocupada por la salud de la economía, pero, ¿la economía afecta a la salud?.

La respuesta es obvia: sí. Pero no siempre las turbulencias económicas influyen en la salud individual de la forma que cabría prever.

No hay duda de que las épocas sostenidas de crecimiento económico mejoran los estándares globales de salud. De modo general, se considera que el peaje de la actual recesión económica mundial sobre la salud individual dependerá en gran medida en los hábitos de salud que se tenían previamente.

El tiempo es más valioso durante las épocas de prosperidad. La gente dispone de menos tiempo para sí mismos, durante los que realizar tareas que por sencillas (pasear, cocinar, leer, hacer ejercicio sin prisa) contribuyen a mejorar el estado de salud individual. Se vive con stress, tratando de aprovechar el tiempo al máximo.

En Colombia se llevó a cabo un interesante estudio que valoraba la influencia de las fluctuaciones de los precios del café sobre la salud de los colombianos. Cuando los precios de café caen en el mercado internacional, la economía de Colombia, muy dependiente de la exportación de café, se deteriora; pero curiosamente, la salud de la población mejora, a la vez que las tasas de mortalidad disminuyen. Cuando los precios del café caen, los trabajadores tienen más tiempo para el cuidado de sus hijos, y de sí mismos.

Por el contrario, cuando los precios del café aumentan, hay que trabajar más para obtener más beneficio económico de las plantaciones; y ello va en detrimento de la atención hacia sus hogares, con gran influencia en las tasas de mortalidad infantil.

Un efecto similar se produjo en Estados Unidos durante la Gran Depresión, no empeorando los estándares de salud de áreas rurales como podría pensarse.

En mayo de 2000, Quarterly Journal of Economics publicó un sorprendente trabajo titulado ¿Son las recesiones (económicas) buenas para su salud? El trabajo, dirigido por C. J. Ruhm, profesor de economía de la Universidad de North Caroline, fundamentó su análisis sobre las tasas de mortalidad y comportamientos saludables, relacionándolos con las tasas de desempleo entre 1972 y 1991.

Según este análisis, la mortalidad descendió durante las recesiones de 1974 y 1982, incrementándose durante la recuperación económica. Todavía más: se llegó a valorar que un aumento de un 1% en la tasa de desempleo daba lugar una disminución del 0,5% en la mortalidad. Pero el deterioro económico parecía cobrarse el peaje en aspectos como la salud mental y el acceso a la atención sanitaria: las muertes por cáncer aumentaron un 23%; los suicidios un 2%; y los homicidios un 12%.

Durante la recesión en Japón que comenzó en 1990, la salud de los desempleados se redujo a la mitad.

Durante la grave crisis económica que afectó a Perú en los años ochenta, la mortalidad infantil se elevó dos puntos y medio porcentuales. El sistema público de salud se colapsó y se estima que alrededor de 17.000 niños murieron de resultas.

El pasado mes de agosto, investigadores de la Universidad Libre de Amsterdam concluían que los gemelos nacidos en épocas de recesión económica vivían en promedio dos años menos que los nacidos en épocas de crecimiento económico.

De estas y otras informaciones cabe inferir que los estudios donde se “demuestra” que la recesión económica no tiene porque ser peor para la salud entrañan un cinismo insoportable; y probablemente solo son aplicables a sociedades rurales con bajísimos niveles de salud y bienestar.

En USA ya resultan evidentes los signos de la crisis económica sobre la salud: un estudio de mercado realizado el pasado mes de mayo afirmaba que aproximadamente el 53% de los consumidores cocinaban lo que en España denominamos “carne de baja tablería”. Al mismo tiempo, los costes en seguros médicos se han duplicado. Pero la magnitud del problema radica en que alrededor de 46 millones de estadounidenses carecen de seguro médico; y que de los que lo tienen, 1 de cada 7 se hallan en bancarrota.

Los sistemas sanitarios proteccionistas predominantes en Europa representan un paraguas en estos momentos. Sin embargo, no está de más recordar cuántas veces han sido cuestionados durante los años pasados de desenfrenada euforia económica.

LOS PUEBLOS SON RICOS CUANDO VIVEN COMO POBRES Y CUANDO NADIE SE PREOCUPA DE LO QUE LES FALTA SINO DE LO QUE TIENEN NECESIDAD. N. Machiavelli

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacêutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza