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La larga sombra de un asesinato

LA LARGA SOMBRA DE UN ASESINATO

Redacción: enero, 2011. Revisión y publicación: mayo, 2011

Fuente de información: “King Leopold’s Ghost: A Story of Greed, Terror and Heroism in Colonial Africa” de Adam Hochschild, traducido al español con el título abreviado “El fantasma del rey Leopoldo” (editorial Península); y: “To End All Wars: A Story of Loyalty and Rebellion, 1914 –1918.

 

Cuando se redacta este artículo (17 de enero de 2011), millones de personas de otro continente rememoran el quincuagésimo aniversario de un suceso que apenas nadie recuerda en otras partes del mundo: el asesinato de Patrice Lumumba, un hombre menudo, con perilla y con sus sempiternas gafas oscuras. Con tan solo 35 años, fue el primer líder africano elegido democráticamente para gobernar un inmenso país, tan extenso como toda Europa, ahora conocido como República Democrática del Congo, referido como Congo Belga hasta su independencia en 1960, más tarde Congo; y a partir de 1971 Zaire siguiendo la política de autenticidad del entonces presidente Joseph Désiré Mobutu Sese Seko. Era la terra incognita africana de la que se solo se tuvo noticia tras el viaje de H. M. Stanley, cuando en 1871 descendió el río Congo, rebautizado como río Zaire, junto con el cambio de denominación del propio país.

Este casi inabarcable territorio, el “corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, (libro cuya lectura recomiendo sinceramente) que esconde enormes recursos naturales fue propiedad particular del rey de Bélgica Leopoldo II. El parlamento belga confiscó la propiedad real (1908), convirtiéndose en colonia del estado belga, pasando a llamarse Congo Belga. Tras enfrentamientos con los nacionalistas congoleños, en 1960 se organizaron elecciones parlamentarias, aunque continuaba siendo un régimen fiduciario. La situación se tornó cada vez más inestable y los acontecimientos se precipitaron hasta la independencia en junio de ese año (1960). Con insoportable arrogancia el entonces Rey de los belgas  (Balduino) se dirigió a los dignatarios congoleños afirmando: “demostrarnos que sois merecedores de nuestra confianza”.

A pesar de la recién estrenada independencia, los inversores belgas y sus amigos europeos y americanos continuaron obteniendo beneficios de las plantaciones y la minería (diamantes, oro, uranio, cobre).

El Congo celebró su independencia el 30 de junio de 1960, seis meses después de que el gobierno belga diera a conocer su inesperada decisión, siendo Joseph Kasavubu el primer Presidente y Patrice Lumumba  Primer Ministro del nuevo estado africano. Se produjeron ataques contra los europeos, especialmente contra los excolonos belgas. Muchos de éstos se refugiaron en la provincia de Katanga, una región rica en minerales, donde con ayuda de mercenarios blancos instauraron un gobierno paralelo, dirigido por Moïse Tshombe. El nuevo gobierno congoleño solicitó ayuda al Secretario General de Naciones Unidas, el sueco Hammarskjöld, quien envió una fuerza pacificadora. Unos meses más tarde Hammarskjöld fallecería en un sospechoso accidente aéreo mientras volaba sobre Rodesia del Norte (región que actualmente pertenece a Zambia). Las fuerzas pacificadoras no fueron suficientes para establecer el orden en el inmenso país, surgiendo gobiernos secesionistas en varias regiones: Katanga, Kisangani (Stanleyville) y Kasai. Este lustro convulso terminó en 1965 con el golpe de estado de Joseph Désiré Mobutu Sese Seko, con el derrocamiento de Joseph Kasavubu, quien se retiró a su granja, falleciendo cuatro años más tarde, en 1969.

Pero al comienzo del lustro comprendido entre 1960 y 1965, que llegaría a ser conocido como la “crisis del Congo”, un célebre discurso de Lumumba, dramático y profundamente enojado, pronunciado en el recién estrenado parlamento congoleño, llamó la atención del mundo. Patrice Lumumba habló de la violencia y humillación del colonialismo, del expolio despiadado de las tierras africanas, y de la manera en que los europeos se dirigían a los africanos usando el “tu” en lugar del “usted” (vous, en francés). La independencia política no era suficiente. Los africanos tenían también que beneficiarse de sus grandes riquezas.

Sin experiencia en autogobierno y expoliado de su riqueza, su inmenso país pronto estaría sacudido por convulsiones sociales, a la que contribuyó la caída mundial del precio del cobre, el principal mineral que entonces exportaba el nuevo estado. Fracasó en su solicitud de ayuda a Estados Unidos. Lumumba amenazó con buscar ayuda y asesoramiento en la entonces Unión Soviética. De hecho, una universidad moscovita lleva el nombre de Patrice Lumumba. Miles de oficiales belgas que persistían en permanecer en el país comenzaron a sabotear las nuevas instituciones. En las transmisiones por radio, se referían a Patrice Lumumba como “satán”. Tan pronto tomó posesión como Primer Ministro, la CIA, con el beneplácito de la Casa Blanca, ordenó su asesinato, a través del envenenamiento. La imposibilidad de llevar a cabo sus planes para envenenarlo, recondujeron la actuación. Estados Unidos y Bélgica canalizaron dinero y ayuda militar a sus rivales políticos quienes tomaron el poder en un golpe de estado y arrestaron a Lumumba. Temiendo una masiva rebelión del pueblo congoleño, se le trasladó a la región de Katanga, un área rica en mineral de cobre situada al sur. Allí, el 17 de enero de 1961, tras ser golpeado y torturado, murió de un disparo. Un escalofrío recorrió las conciencias de mucha gente en todo el mundo. Se llevaron a cabo masivas manifestaciones en numerosos países. Pero en Léopoldville (hoy Kinshasa) la tristeza impregnó el ambiente durante meses. Según algunos cronistas, era éticamente ofensiva la prepotencia de algunos miembros de embajadas de países europeos y de Estados Unidos, hablando con hondo desprecio de quien había sido elegido Primer Ministro en elecciones libres por un pueblo entusiasmado con su futuro.

Algunas semanas antes de su secuestro y asesinato, Patrice Lumumba logró escapar brevemente de su arresto domiciliario y, junto a un reducido número de correligionarios, volar al este del Congo, donde se había constituido un gobierno de simpatizantes. En su huída se vieron obligados a cruzar el río Sankuru en una canoa. Una vez alcanzada la orilla segura, Lumumba y algunos de sus simpatizantes regresaron a buscar al resto del grupo, entre ellos a su esposa e hijo. Pero allí les persiguieron tropas del nuevo gobierno golpista. Según algunos de los supervivientes, la elocuencia de Lumumba casi logró persuadir a los soldados de dejarles marchar. Tristemente no fue así. El riesgo asumido al regresar para rescatar a otros engrandeció su figura, tanto en el cine como en la ficción.

Patrice Lumumba solo estuvo en el poder escasos meses, y no podemos saber qué habría ocurrido si la historia hubiese transcurrido de otra manera. ¿Habría mantenido su idealismo?; o, ¿terminaría sucumbiendo, como muchos líderes de la independencia africana, a las tentaciones de riqueza y poder?. Llevar a una inmensa nación (en extensión y riquezas) a una plena autonomía económica parecía una tarea imposible. Los gobiernos occidentales y las grandes corporaciones eran demasiado poderosas, mientras su control del poder demasiado débil. Solo disponía de menos de tres docenas de graduados universitarios de raza negra para una población, mayoritariamente analfabeta de más de 15 millones; y solo tres de los cinco mil puestos del servicio civil eran ocupados por congoleños.

Transcurrido medio siglo, deberíamos recordar la muerte de Lumumba con vergüenza porque ayudamos a instalar a los hombres que lo derrocaron primero y asesinaron después. Cuatro años desde el asesinato de Patrice Lumumba, uno de sus captores, un oficial del ejército llamado Mobutu Sese Seko, dio un golpe de estado, con el apoyo norteamericano, instaurando una desastrosa dictadura que se prolongó durante 32 años. En 1971 cambió la denominación del país que pasó de llamarse Congo a Zaire, dentro del programa de autenticidad que guió sus primeros años de gobierno. Durante la prolongada dictadura Zaire sufrió dos intentos de invasión desde Angola, en 1977 y 1978. La República Democrática del Congo (nombre actual del país, que no debe confundirse como su vecina República del Congo cuya capital es Brazzaville) siempre ha estado sometida a los vaivenes de la geopolítica internacional, debido a sus inmensas riquezas minerales. Durante la Guerra Fría fueron los soviéticos; y más tarde Estados Unidos quien entregó a Mobutu importantes sumas de dinero. Mobutu vivía entre suntuosos y estrafalarios gastos, como alquilar el Concorde, adquirir villas y palacios en Europa; mientras su país carecía de servicios públicos y sus escasas y pésimas carreteras y vías férreas se pudrían bajo las torrenciales lluvias tropicales. Cuando fue expulsado del país en 1997, siendo acogido en Marruecos, donde fallecería, el país estaba sumido en un desastre del que aun no se ha recuperado.

Los sucesos más recientes son bien conocidos: durante la rebelión de los tutsis en Ruanda y su sangrienta llegada la poder, una guerrilla congoleña dirigida por Laurent-Désiré Kabila y con la ayuda de la guerrilla hutu expulsada de Ruanda toma el poder en Kinshasa en 1997. El nuevo presidente muere asesinado por su propia guardia personal en enero de 2001, siendo sustituido por su hijo, Josehph Kabila al día siguiente. Con el apoyo de algunos dirigentes de países vecinos, a los que premia con sustanciosos negocios a base de los recursos naturales de su propio país, consigue mantenerse en el poder, donde continúa.

África también escribe su propia historia.

Zaragoza, mayo, 2011

Dr. José Manuel López Tricas

Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria

Zaragoza

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José Manuel López Tricas,
2 may. 2011 8:36
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